Consejos para el examen


Por supuesto, para aprobar un examen hay que haber estudiado previamente. Pero dando esto por supuesto, existen algunas otras pautas cuya aplicación puede ayudar a mejorar el partido que se le saca a tanto esfuerzo. Las que expongo a continuación son sólo resultado de la observación en mi propia práctica docente, y son de aplicación en la materia que imparto (supongo que un estudiante de filología inglesa o de ciencias de la comunicación deberá tener en cuenta otras directrices). Algunas parecerán demasiado elementales (aunque puedo asegurar que hay quien no las conoce o no las tiene en cuenta) y otras, en cambio, demasiado puntillosas. Espero que, en conjunto, os resulten de utilidad:

– No basta con estudiar “contenidos”. Existen dos tipos de “conocimientos”, los abstractos y los aplicados, y la demografía puede ser ambas cosas. Si la asignatura fuese únicamente de contenidos sobre “la población” bastaría el estudio de conceptos, el tradicional “clavar los codos”. Pero si la asignatura incluye el análisis demográfico (y ese es el caso en nuestro curso), se trata de un conocimiento aplicado, una “habilidad”, una “destreza”. En este caso, pensar que se puede aprobar sólo “clavando los codos” es caer en una trampa fatal. Las destrezas no se adquieren simplemente asimilando la teoría o leyendo; requieren la práctica, el “ensayo y error” (una cosa es aprenderse la lista de los reyes godos, y otra es aprender a construir muebles. En algún momento hay que hacer un primer mueble, y os aseguro que el primero sale fatal por muchos libros que se hayan consultado previamente). En este caso eso quiere decir hacer cálculos y ejercicios, que son los que realmente nos dicen si hemos asimilado correctamente o no. En este sitio se suministra un dossier descargable con ejercicios para ir practicando, y voy añadiendo páginas nuevas  con ejercicios y sus soluciones. Mi principal consejo es este: no confieis en que esta asignatura se aprueba estudiando libros o apuntes; no es así. Hay que practicar, practicar y practicar.

– Antes de salir de casa, conviene revisar que se va a contar con todo el material necesario en el examen (lápiz, goma, calculadora, regla, típex, etc.) y que ese material esta en buen estado y funciona. Aunque parezca mentira, siempre aparecen personas dispuestas a hacer un examen de estadística sin una calculadora.

– Cuando la hoja de preguntas ha sido ya repartida, conviene leerla toda antes de empezar a hacer nada más. Hay que decidir qué preguntas son las que van a poderse responder en menos tiempo y con más seguridad; son las primeras que deben contestarse. No hay ninguna obligación de contestar por orden, de modo que no vale la pena atascarse en una pregunta y llegar al final del examen con apuros de tiempo cuando todavía podrían contestarse otras preguntas en las que no se tienen tantas dificultades.

– Hay que utilizar una letra legible. No os podeis imaginar la mala predisposición con la que un examinador puntúa aquellos examenes que le cuesta trabajo leer, por no hablar de aquellos que no cuestan trabajo, sino que son sencillamente ilegibles.

– Por el mismo motivo, conviene ser lo más claro posible, tachar sólo en casos de urgencia (el uso del tipex es una buena opción) y hacer que las respuestas sean claras y fáciles de encontrar a primera vista (por ejemplo, si se pedía el cálculo de varios indicadores, pueden ofrecerse los resultados finales dentro de un recuadro).

– De nuevo por la misma razón, y si deben hacerse cálculos abundantes, conviene usar un papel-borrador y trasladar los resultados posteriormente a la hoja de examen.

– Una vez completadas todas las respuestas y ejercicios, y si queda tiempo, conviene resistir las ganas de entregar el examen inmediatamente. Sí, ya sé que llegado ese momento uno sólo tiene ganas de salir corriendo y relajarse, pero conviene siempre hacer un último repaso.

– Cuando se nos pide definir algún término o concepto:

    • La palabra a definir no debe aparecer en el enunciado de su propia definición. Se incurre en una “circularidad” lógica
    • No definir mediante un ejemplo; una definición engloba todos los casos que cumplen sus condiciones, de modo que hay que explicar en qué consisten éstas en vez de poner un caso concreto.
    • No empezar una definición con la muletilla “es cuando…”.
    • Si lo que se debe definir es un indicador demográfico, algunas personas interpretan que tienen que explicar cómo se calcula. Es un eror (el método de cálculo puede ser común a indicadores muy diversos), una cosa es explicar cómo se obtiene un número, y otra explicar qué quiere decir ese número. Por poner un ejemplo, si se debe definir el “Indice Sintético de Fecundidad”, no es una respuesta aceptable que “el ISF es el sumatorio de las tasas específicas multiplicadas por…”

– Cuando deben comentarse resultados, conviene ser breve y claro, sin irse por las ramas ni hacer añadidos cuya relación con la pregunta no sea directa. La buena calificación no depende de la cantidad de palabras que se han usado al responder, sino del acierto con que se ha hecho. Aquí sirve aquello de “lo bueno, si breve…”

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Julio Pérez Díaz, CSIC. Estudios de población y análisis demográfico