Envejecimiento rural


La pirámide de edades en cualquier población cambia únicamente por las alteraciones en mortalidad, natalidad y migración. Sin embargo, la importancia relativa de cada una de ellas es muy diferente en función del tamaño de la población que estemos analizando:

En poblaciones de gran tamaño, como las de los países o los continentes, el cambio en el perfil de las pirámides poco tiene que ver con la inmigración o la emigración, y se explica sobre todo por importantes cambios históricos en el balance reproductivo entre la mortalidad y la fecundidad. El caso extremo y más evidente es el de la población planetaria, cuyo envejecimiento poblacional nada tiene que ver con las migraciones (al menos hasta que nos invadan los marcianos o establezcamos colonias en el espacio).

En cambio, cuanto más reducido sea el tamaño de una población, mayor será el impacto de las migraciones en su pirámide de edades, si lo comparamos con el que puedan tener los altibajos de los nacimientos y las defunciones.

Esta es una distinción analítica fundamental a la hora de abordar las consecuencias sociales de cada tipo de envejecimiento poblacional (Pérez Díaz 2005). De hecho, propongo distinguir (igual que se hace con el crecimiento poblacional) entre el envejecimiento “natural” y el envejecimiento “migratorio”, habida cuenta de la gran diferencia entre sus factores causales y, sobre todo, sus consecuencias.

El envejecimiento migratorio, modelo con el que coincide casi siempre el envejecimiento rural, difícilmente puede ser valorado de forma positiva si se analiza a escala local, desde el lugar del que se marchan los jóvenes. En realidad, traspasados ciertos umbrales, este proceso puede conducir simple y llanamente a la despoblación y final desaparición de entidades completas de poblamiento.

En realidad la emigración podría no alterar la pirámide de ninguna manera, a condición de que se repartiese proporcionalmente en todas las edades. Pero esa no es la pauta en el mundo real, porque el grueso de las migraciones se concentra en las edades adultas jóvenes. Corresponden generalmente a personas en busca de trabajo y “condiciones de vida” con las que poner en marcha su vida adulta. Como, además, esa es también la etapa de la vida en la que se  forma pareja y se tienen hijos, la emigración concentrada en este perfil de edades deja a la población emisora doblemente envejecida (se marchan los jóvenes y se pierden los niños que tales jóvenes hubiesen tenido). Una vez perdida la capacidad de reposición demográfica, el envejecimiento progresivo de las personas que todavía quedan en el lugar difícilmente tiene ya vuelta atrás (sólo una nueva ola migratoria, esta vez inmigratoria, podría conseguirlo).

Todo lo contrario ocurre con las poblaciones receptoras de esos jóvenes que emigran, que se ven rejuvenecidas doblemente (aunque suelen ser poblaciones de un tamaño muy superior y, por lo tanto, el efecto final sobre la pirámide no es tan intenso).

La concentración habitual de los movimientos migratorios en ciertas edades es perfectamente visible en el ejemplo del gráfico siguiente:

Inmigración, emigración y saldo migratorio en el municipio de Terrassa,
por intervalos quinquenales de edad. 1991-1996

Fuente: Elaborado a partir de la Estadística de Variaciones Residenciales. INE (años correspondientes) y publicado en Pérez Díaz, J. (1997), “Població i vellesa a Terrassa” Papers de Demografia (122): Centre d’Estudis Demogràfics. pg 15

Como cabe suponer, que un municipio gane o pierda población en estas clases de edad tan móviles depende directamente de su capacidad para generar dinamismo económico y ocupación (además de otras ventajas comparativas que tales personas valoren, como disponer de servicios, escuelas, equipamientos, ocio). En España, durante décadas, pero especialmente durante los años sesenta del siglo XX, las zonas rurales se vinieron abajo definitivamente en esta capacidad, a la vez que las urbanas empezaban un desarrollo industrial aceleradísimo y hambriento de mano de obra. El resultado fueron las masivas migraciones interiores y, su otra cara, el rápido envejecimiento rural de buena parte de la España agraria. Pero este no es un fenómeno nuevo, a diferencia del envejecimiento demográfico natural, a gran escala, que está experimentando la humanidad en su conjunto y por primera vez.

Siempre hubo poblaciones que se vaciaban de jóvenes y en las que los mayores se quedaban como grupo mayoritario por verse apartadas y obsoletas respecto a las actividades y circuitos de ocupación más dinámicos. De hecho, esta sucesión de acontecimientos no es exclusiva del mundo rural. Los municipios españoles de la industrialización más arcaica también envejecieron una vez sus actividades quedaron obsoletas (un buen ejemplo son los pueblos aledaños a los ríos cuya fuerza hidrológica sirvió para alimentar las primeras colonias textiles o, todavía más recientes, los de las cuencas mineras del carbón que sirvió al más reciente despegue industrial de los sesenta). Por el contrario, en la actualidad, las zonas menos envejecidas de la geografía española coinciden claramente con aquellas en que más se ha desarrollado el sector servicios, el que más puestos de trabajo genera en la actualidad (véanse los mapas provinciales en la página de datos en esta web).

Otros recursos relacionados

Desde Aragón el Centro de Estudios sobre la Despoblación y Desarrollo de Áreas Rurales (CEDDAR) edita una revista, Ager, Revista de Estudios sobre Despoblación y Desarrollo Rural, accesible online.

Y, aunque no sea un libro técnico ni demográfico, sino una novela, recomiendo encarecidamente la lectura de Llamazares, Julio (1988). La lluvia amarilla. Barcelona : Seix Barral. En esta novela puede asistirse, en primera persona, al abandono y definitiva desaparición de una población rural, en medio de una narración llena de poesía y de dramatismo.

  • Leguina, J., Naredo, J.M. (1974), “Éxodo rural y envejecimiento de la población activa agraria” Información Comercial Española (496): 84-90.
  • Ballesteros, A.G., Brandis García, D., Troitiño Vinuela, M.A. (1977), “Diferencias espaciales en el envejecimiento de la población rural española.” Presented at V Coloquio de Geografía, Granada.
  • Paillat, P. (1976), “Le vieillisement de la France rurale” Population (6): 1147-1188.
  • Paniagua Mazorra, A., López Jiménez, J.J. (1989), “El envejecimiento del empresario agrícola en España” Revista de Estudios Agro-Sociales XXXVII (150): 129-158.
  • Pérez Díaz, J. (2005), “Consecuencias sociales del envejecimiento demográfico”, publicado en Papeles de Economía Española,Transformación demográfica. Raíces y consecuencias, (nº 104), pgs 210-226. (Versión inicial en pdf)
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Julio Pérez Díaz, CSIC. Estudios de población y análisis demográfico

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