Fujimori y la esterilización de campesinas en Perú


Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán

En la campaña electoral de Perú vuelve a aparecer, como arma contra la candidata Keiko Fujimori, el escándalo de las esterilizaciones campesinas masivas durante el mandato de su padre, Alberto Fujimori, presidente de 1990 a 2000.

Las noticias empezaron a aparecer en 1996, cuando se publicaron los primeros testimonios, y organizaciones como el Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM) presentaron las primeras denuncias. Finalmente el Congreso inició una investigación hasta que en 2002 se desestimó la demanda por genocidio. Pero lo que quedó claro durante el proceso, y sigue pendiendo sobre el fujimorismo, es un cúmulo de abusos y una exculpación que tiene que ver más con la prescripción de las responsabilidades o los vericuetos legales que con el desmentido de las acusaciones. Lo descubierto es lo siguiente:

Entre 1995 y 2000 el Ministerio de la Salud envió misiones a la sierra de los Andes con órdenes para reducir la tasa de natalidad entre la población campesina. Se respondía así a las exigencias y recomendaciones del FMI, y se contaba con fondos proporcionados por el Banco Mundial y por el US Aid (el Fondo de EEUU para la Ayuda al Desarrollo) para la aplicación de un programa de planificación familiar basado en la “Anticoncepción Quirúrgica Voluntaria”. El número de esterilizaciones empezó a aumentar rápidamente. Las investigaciones posteriores las cifran en unas 300.000 durante ese periodo.

Los responsables del Ministerio en esos años, y los de los servicios de Salud implicados, aducen que todo esto era normal, que no hay ninguna confabulación ni se pretendía un genocidio indígena, y que los 18 casos documentados de fallecimientos se deben a la falta de medios para atender complicaciones del postoperatorio. Probablemente todo ello sea cierto. El gran problema, que se hace visible en Perú pero también en muchos otros países pobres, es que llegase a ser considerado “normal” un programa de control mundial del crecimiento de la población menos desarrollada en cuyo nombre se sacrificó la salud de muchas personas.

Ya he descrito en otros lugares de este blog cómo las grandes corporaciones multinacionales primero, después Estados Unidos, y finalmente toda la comunidad internacional a través de Naciones Unidas, acabaron apoyando y financiando una “ortodoxia” sin fisuras acerca del peligro que suponía el rapidísimo ritmo de crecimiento de la población mundial en la segunda mitad del siglo XX. Para EEUU el peligro era la extensión del comunismo en los países pobres, corroborado por su extensión en toda Asia. Pero la imagen externa que se vendió fue la de la filantropía y la ayuda internacional, a través de las Conferencias internacionales de población de Naciones Unidas, y los correspondientes Programas de Acción aprobados. La colaboración necesaria para todo esto fue la del anticoncepcionismo neomaltusiano, conseguido a través de Margaret Sanger y en general el movimiento internacional del Birth Control, feminista y progresista, convencido de estar ayudando al desarrollo en el tercer mundo. Sólo muchos años después el family planing y el feminismo en general se han dado cuenta de la masiva manipulación de la que fueron objeto, y denunciaron el control de la población. Su propia desvinculación y cambio de objetivos quedó patente en El Cairo 1994, con un giro hacia la “salud reproductiva” como lema. Lo que ocurrió en Perú en la segunda mitad de los noventa es un arcaísmo, sólo explicable por el aislamiento y el atraso andino.

Lo malo es que mientras tanto la denuncia de los atropellos perpetrados en las mujeres pobres del planeta, desde Perú hasta Indonesia, desde Puerto Rico hasta la India, sólo se produjo aisladamente y desde sectores religiosos y nacionalistas, opuestos al family planning por principio y por ideología. Aún más, la denuncia masiva sólo se sistematizó a partir de la caída del comunismo, la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de EEUU, y la relevancia política que adquirió el movimiento ProVida, antiabortista, como sector de apoyo fundamental en la segunda reelección de Reagan como presidente. Sólo entonces, gracias a apoyo político del propio Estado que hasta entonces había impulsado el control de la natalidad mundial, se empezaron a desvelar internacionalmente las vulneraciones de los derechos humanos en nombre de la planificación familiar.

En todo este proceso, claro está, el movimiento internacional de base, progresista, a favor de la planificación familiar y del derecho de la mujer a decidir sobre su sexualidad y su cuerpo, se está viendo hoy enfrentado a hechos sumamente desagradables, que brotan de cualquier revisión histórica de lo que los Estados hicieron en realidad en el llamado “Tercer Mundo”.

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Links relacionados

En la página web de la Defensoría del Pueblo de Perú pueden encontrarse los Informes Defensoriales en respuesta a las denuncias presentadas por este asunto, incluídos estos dos:

Página web del Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer

Crónica de una denuncia desestimada y su pervivencia actual

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Un pensamiento en “Fujimori y la esterilización de campesinas en Perú”

  1. Muy buen artículo, menos mal que ha ganado el otro candidato, aunque nos lo quieran vender como un clon de Chávez, creo que es mejor que la hija de Fujimori. Un saludo.

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