Es rejuvenecimiento


 

“Es rejuvenecimiento”
Artículo en “la Vanguardia” 27/7/2003, con motivo del V Congreso Europeo de Gerontología

Transcripción del artículo:

De nuevo España vuelve a concentrar la atención mundial de quienes se interesan por la vejez y el envejecimiento. Un año atrás fue la Asamblea Mundial de la ONU; ahora se trata del Congreso Europeo de Geriatría y Gerontología, celebrado recientemente. Pero siguen mezclándose dos cuestiones realmente muy distintas: la del número y proporción de mayores y la del número y calidad de años que vivimos. La primera es la que mueve a políticos y planificadores; la segunda se deja en manos de los investigadores.
Dos lógicas que apenas se comunican. En Madrid hace poco más de un año buena parte de las delegaciones gubernamentales trataban de la hecatombe financiero-sanitaria y los recortes “ineludibles”. El congreso de Barcelona, más técnico y menos político, constata avances imprevistos en la salud y la supervivencia. Y lo segundo sólo parece servir para aumentar los temores y las intenciones de ajuste del gasto.
¿Nadie valora que los stocks de cada edad sean progresivamente más sanos y, por lo tanto, menos “viejos”? No es envejecimiento, sino rejuvenecimiento de la población lo que estamos experimentando. Los motivos son múltiples, por supuesto, y no se limitan a los avances médicos o sanitarios. Los nuevos mayores son menos viejos porque toda su vida, desde la cuna, ha sido mejor.
La óptica generacional, también demográfica, explica mejor lo que está ocurriendo con la duración y calidad de la vida humana. Nuestros muy mayores han tenido unas biografías realmente duras y eso lo refleja tanto su situación socioeconómica como su salud. Ellos, nacidos antes de los años treinta, se consumieron como lanzaderas de un transbordador espacial, para sacar a su progenie de la pesada órbita histórica de la guerra y la posguerra. A la vejez llegaron exhaustos, sin más que ofrecer. Pero sus hijos son ya las primeras generaciones mayoritariamente urbanas, escolarizadas e industrializadas, los viejos-jóvenes actuales. Éstos emprendieron su propia vida adulta pronto, sin apenas nada que esperar de sus padres, y han trabajado como mulos, dentro y fuera de
casa. A cambio consiguieron casarse prácticamente todos, encarnar por fin mayoritariamente en nuestro país la familia nuclear de roles repartidos y escasa descendencia, y engendrar unas generaciones de hijos que son ya de otra galaxia en la historia social española.
Mientras, nuestra esperanza de vida ha pasado de la cola europea a la cabeza mundial. Y yo sospecho que son precisamente estos muy mayores, o estas amas de casa sin pensión contributiva, quienes lo han conseguido. Para nuestra contabilidad sólo se produce salud en el sistema sanitario y los hogares son, por definición, exclusivamente unidades de consumo. Pero frente a la soberbia médico-farmacológica es cada vez más evidente que la salud se produce desde el nacimiento, con los cuidados, las atenciones, el cariño y los recursos disponibles alrededor. Lejos de la inundación de discapacitados y dependientes, la proliferación de personas maduras y mayores hace aumentar el número de quienes se ocupan de sus muy ancianos padres, apoyan a sus hijos ante los reveses laborales o familiares, avalan sus hipotecas, cuidan a sus nietos…
¡Qué gran injusticia no estará cometiendo un país que, en medio de la opulencia y los superávit, mantiene el gasto social más bajo de la Unión
Europea, permite que 2,3 millones de pensiones contributivas no lleguen a 390 euros mensuales y todavía se propone recortar el gasto en vejez!

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