El primer siglo después de Beatrice


Amin Maalouf (1992), Le Premier siècle après Béatrice. Éditions Grasset & Fasquelle

“Sin lugar a dudas nos encontramos con una de las más bellas y conseguidas distopías demográficas, tanto desde la perspectiva literaria como desde la óptica del demógrafo, como a continuación explicaré”

La frase anterior pertenece a Andreu Domingo, y la escribe en su ensayo Descenso literario a los infiernos demográficos. Distopía y población, al que ya dediqué en su día una entrada en este blog. En efecto, el libro de Maalouf es una maravilla literaria que especula con un futuro demográfico alejado de las ficciones más usuales, que suelen girar en torno a la sobrepoblación o a la decadencia resultante del envejecimiento poblacional. En su libro, en cambio, la ficción se construye en torno a la discriminación de la mujer que hay detrás de la mera preferencia por tener hijos varones.

Mi descripción y comentario no mejorarían ni remotamente los que hace Andreu Domingo, así que me tomo la libertad de citar largamente su excelente trabajo:

“La horquilla del doble horizonte temporal se mueve entre principios de los noventa, cuando se publica la novela, y el año 2030, tiempo en el que se sitúa el narrador. Un mundo desgarrado, marcado por la falla horizontal entre Norte y Sur, donde el déficit de mujeres ha escorado la sociedad hacia el terror, privado del elemento civilizador que constituye la feminidad. ¿Cómo se llegó a esa situación? Ésa es la narración que va a dar lugar a su original y acertadísima distopía. Todo empezó con el descubrimiento de una sustancia capaz de actuar sobre los órganos genitales del padre con el fin de favorecer los nacimientos masculinos, difundida gracias a una red de empresas pseudofarmacéuticas ubicadas en los países del Sur. Una de ellas, situada a orillas del Mar Rojo, fabricaba las <<habas del escarabajo>>, enlazando así con la mitología popular, que atribuía desde épocas remotas al escarabajo las propiedades de la citada sustancia: aumentar la potencia viril, recompensando al hombre con la garantía de una descendencia masculina. Esa sustancia es ampliamente difundida en el Sur, en lo que parece una panacea a los problemas y deseos individuales y colectivos. Por un lado, de este modo se hace posible el sueño de muchas familias tradicionales, transmitir el legado, el nombre: por otro, muchas mujeres evitan traspasar la pesada carga de ser mujer a su propia descendencia, y a nivel colectivo en principio ésta parece ser una rápida e indolora solución a la sobrepoblación. La misma sustancia se difunde en el Norte, bajo el amparo de las sociedades farmacéuticas más reconocidas como remedio a la esterilidad masculina, burlando la legislación contra la discriminación sexual. Aunque en los países ricos la preferencia a favor de la descendencia masculina no está tan acentuada, la no simetría en la selección, es decir, que no haya un fármaco que provea exclusivamente descendencia femenina, junto con el leve desequilibrio natural a favor de los hombres en el nacimiento (106 hombres por cada 100 mujeres), provoca que también se deje notar una progresiva escasez de mujeres. Por lo tanto, la primera característica de su distopía es que, a pesar de estar vehiculada por intereses económicos (los farmacéuticos), en el origen de la catástrofe no existe un poder oscuro o una conspiración con finalidades inconfesables. Al contrario, se presenta como el resultado de una asunción espontánea, de una elección individual en el marco de una sociedad patriarcal, con claros prejuicios contra la mujer.

La fábula de Amin Maalouf va a tratar directamente el epicentro de los cambios demográficos que han promovido esa revolución que se ha llamado la segunda transición demográfica: la metamorfosis en la percepción de los roles de hombre y mujer, y los límites de la misma en la imagen de lo femenino. Para lograrlo se apoya en un hecho lamentablemente conocido en demografía aún en la actualidad: el aborto selectivo, el infanticidio y el abandono infantil ejercidos en contra del sexo femenino, así como el desequilibrio por sexos que a la larga provoca en las estructuras de población que se da en dan en determinados países, siendo algunas regiones de la India y de China los ejemplos más claros. La obra de Maalouf, bien documentada, se pregunta qué ocurriría si esa preferencia y la capacidad técnica de convertirla en realidad se generalizara de forma no traumática (con la ingesta de una simple pastilla previa a la gestación), y cuál sería su influencia en el futuro, lo que además aprovecha para plantear el tema de la fractura Norte/Sur en términos tanto demográficos como en relación con la mujer. Sin que el autor llegue a ser plenamente consciente, es muy posible que parte de sus previsiones acaben por cumplirse, si no están cumpliéndose ya…”

Andreu sigue durante tres páginas más comentando este libro en Domingo i Valls, A. (2008) Descenso literario a los infiernos demográficos. Distopía y población. Barcelona: Anagrama, Colección Argumentos num. 380.

Andreu Domingo es demógrafo y escritor, y trabaja como subdirector del Centro de Estudios Demográficos de la UAB

Que no anda muy desencaminado cuando afirma que Maalouf puede estar acertando en cosas que ya ocurren en la actualidad lo demuestra el siguiente artículo del novel de economía A, Sen:

  • Sen, Amartya (1991), “Faltan más de 100 millones de mujeres”, publicado en Isis Internacional, (15): 27-40

En este sitio puedes encontrar una explicación sobre la relación de masculinidad, su cálculo y utilidad analítica.

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