Caldwell y la teoría de los flujos de riqueza


Aunque las aportaciones de John C. Caldwell a la demografía y la antropología son muchas, su “Teoría de los flujos de riqueza” ocupa un lugar importante en la explicación de la modernización demográfica y entre los antecedentes de la Teoría de la Revolución Reproductiva.

Para contextualizar el momento en que Caldwell revisa y cuestiona las explicaciones del cambio demográfico, hay que retroceder a los años setenta.

Desde el fin de la segunda guerra mundial Estados Unidos se había convertido en el principal impulsor de un nuevo tipo de paradigma en la disciplina, una peculiar reedición del neomaltusiano, aplicada a la clásica Teoría de la Transición Demográfica. Los países menos desarrollados, con altos ritmos de crecimiento demográfico, estaban cayendo en la órbita comunista, y su pobreza no podía esperar un incierto y lento descenso de la fecundidad; había que provocar ese descenso. Súbitamente el casi clandestino neomaltusianismo de las birth controllers y las asociaciones de planificación familiar se convirtió en un magnífico aliado. Primero fueron las grandes corporaciones, después al propio gobierno federal y, finalmente, la influencia de ambos acabó por implicar también a las instituciones internacionales como NNUU en conferencias mundiales sobre población que aprobaban programas de acción consensuados para frenar “el crecimiento de la población mundial”

La acción requería datos, y en los años posteriores a la segunda guerra mundial se había desplegado un importante esfuerzo internacional para extender las estadísticas modernas de población a todos los países que todavía no disponían de ellas. Lo mismo se hizo por desarrollar anticonceptivos económicos y eficaces. Su creación y comercialización en los años sesenta se unió al apoyo político y económico a la planificación familiar. La necesidad de conocimiento sobre las pautas internacionales de la fecundidad y su control se tradujo en la realización de una serie amplísima de encuestas de fecundidad en los años sesenta. Simultáneamente se ofrecían los medios y se exigía la puesta en marcha de programas de planificación familiar. El cambio que se quería conseguir se analizaba en términos “de mercado”, confiando en que la oferta masiva de asesoramiento y anticonceptivos conseguiría alterar los comportamientos conyugales y familiares.

Los años sesenta y los pobres resultados, supusieron una revisión de tales supuestos, trasladándose el énfasis de la oferta a la demanda. Las encuestas de fecundidad fueron sustituidas por otra oleada de encuestas CAP (Conocimiento, Actitud y Práctica de la anticoncepción), unas 400 en la década, y los esfuerzos se ampliaron hacia la propaganda, educación y concienciación.

Caldewll señala en aquellos años que tanto esfuerzo para mejorar el conocimiento de los factores que favorecen la transición de la fecundidad, combinados con tanta inversión en medios e implantación política, deberían haber creado ya un corpus de conocimiento teórico y practico que permitiese a la Teoría de la Transición Demográficos haber hecho avances importantes.

Su conclusión era que tales avances se habían visto frenados por motivos ideológicos y una mentalidad poco dispuesta a cuestionar los intereses que impulsaban ese esfuerzo planificador y teórico. Caldwell intenta hacerlo, aportando material sobre sociedades menos desarrolladas o históricas

“Muchos administradores y trabajadores de campo que se desempeñan en la esfera de la planificación familiar se kan sentido frustrados y han echado la culpa rápidamente a las herramientas de que disponen por el fracaso en el logro de los objetivos de los programas. La mayoría de los administradores, asesores nacionales y todos los expatriados están en una situación en que se benefician económicamente al controlar su propia fecundidad, de modo que no entienden por qué ello no puede aplicarse a todo el mundo; la irracionalidad es una respuesta fácil, especialmente cuando puede demostrarse que la educación y la demanda de los servicios de planificación familiar guardan una correlación altamente positiva” (Caldwell, 1976, p. 335)

Caldwell sostiene que el comportamiento fecundo racional se mueve en límites que no son los de la mera racionalidad económica. Para él la clave de la transición demográfica es el balance en los flujos de riqueza y apoyo que se producen entre las distintas generaciones, de padres a hijos y vicebersa. Lo habitual en las sociedadas humanas tradicionales es que el balance de ese flujo sea favorable a los padres, y los hijos rindan más de lo que reciben.

El argumento fuerte con que replantea la TRR es que, para que se produzca un descenso sostenido de la fecundidad, debe revertirse el balance de ese flujo, cosa que no ocurrirá hasta que las familias estén bien dotadas material y socialmente, y los hijos no empiecen a ser receptores netos de recursos.

Esta propuesta se apoyó en los años siguientes en una importante cantidad de publicaciones sobre trabajos de campo en África y Asia, que contaron con especialistas locales muy conocedores de las poblaciones estudiadas. En particular los estudios africanos resultaron en buena parte del proyecto Changing African Family, que Caldwell codirigió con F.O. Okediji.

  • Caldwell, J. C. (1982a), Theory of Fetility Decline, Londres, Academic Press.
  • (1982b), “The failure of theories of social and economic change to explain demographic change: puzzles of modernization or westernization”, Research in Population Economics, N” 4.

En particular pudo verificarse que en Nigeria la alta fecundidad resultaba conómicamente racional.

  • (1977), “The economic rationality of high fertility: an investigation illustrated with Nigerian survey data”, Population Studies, N” 31, Londres, London School of Economics and Political Science.

En la obra de Caldwell se demuestra la importancia de la educación para la transición demográfica. De la misma manera predice con gran solidez que la producción tradicional siempre irá asociada a beneficios por mantener una alta fecundidad. En todo ello ve la confirmación de que el comportamiento económicamente racional es función de la estructura social en cada caso.

  • (1980), ‘The wealth flows theory of fertility decline”, Determinants of Fertility Trends: Theories Re-examined, C. Hohn y R. Mackensen (comps.), Lieja, Ordina Editions.

 “La producción familiar se caracteriza por la existencia & relaciones económicas intergeneracionales de explotación que favorecen a la generación mayor, y por una moral que las justifica y las facilita” (Caldwell, 1980b, p. 185). En general la producción familiar también está regida por normas que benefician a los miembros poderosos de la familia, es decir, a los mayores y a los varones. Sólo cuando un medio de producción no familiar, comercial o capitalista adquiere más importancia y cambia la función social de la familia, se revierte el flujo neto de riqueza, y entonces es probable que se inicie la disminución de la fecundidad.

Con sus trabajos Caldwell abrió una importante línea de cuestionamiento a las clásicas teorías de la modernización, que ahora desvelaban imposiciones “ideológicas” en sociedades cuya estructura social no podía reaccionar de la manera esperada. También sirvió para una revisión histórica retrospectiva sobre el propio proceso de transición en Europa y su vinculación al cambio en la relación entre la familia y los medios de producción.

Se le ha criticado el concepto de “riqueza” que maneja, poco ortodoxo (en economía se refiere a capital, no a flujos). En la teoría de la revolución reproductiva hablamos, por ello, de “recursos”, que incluyen los económicos pero también muchos otros (conocimiento, atenciones, afecto, apoyo…).

Y, cómo no, se le ha criticado que, al destacar tanto la dimensión social, ¡desvía la atención sobre el papel preponderante de los factores económicos!

Para la Teoría de la Revolución Reproductiva Caldwell es un antecedente claro, al que únicamente le falta integrar los efectos que tiene en la mortalidad, especialmente la infantil, la inversión de la dirección de los flujos de riqueza hacia los hijos. En nuestra propuesta ésta es una condición para la eficiencia reproductiva y, por lo tanto, para la liberación de la sobrecarga del rol reproductor ancestral asociado a la mujer. Mortalidad y fecundidad sí están relacionadas, y lo están a través de los cambios intergeneracionales y la acumulación de efectos positivos en la supervivencia de las sucesivas generaciones, hasta que se atraviesa el umbral por el que la mayor parte de los nacidos de una generación puede tener hijos y criarlos.

En esta entrada he utilizado prolijamente el análisis, las citas traducidas y la bibliografía sobre la obra de Caldwell contenidos en un trabajo absolutamente recomendable de D.J. van de Kaa, de lectura obligada para quienes estén interesados en la evolución histórica de los estudios de fecundidad:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s