¿Eres de raza caucásica?


Para que existan políticas de población racistas hace falta que el Estado identifique razas de manera oficial, tipos diferentes y distinguibles de personas cuyas características físicas y mentales comunes están principalmente determinadas por la herencia. Esta identificación y clasificación la proporcionan los científicos.

Durante siglos a esos científicos les bastó con postular una creación divina separada, el poligenismo que tantos antropólogos físicos sostuvieron hasta que las teorías evolucionistas acabaron por imponerse.

El darwinismo cambió la política racista para justificarla por los distintos “niveles” evolutivos alcanzados por cada raza. La medición de los volúmenes craneales, los ángulos faciales, el peso de los cerebros o la proporción entre su parte frontal y occipital…, la variedad de justificaciones para diferenciar distintas razas llegó a ser  en sí misma un campo de la antropología.

Había que justificar muchas cosas, incluyendo todo el colonialismo europeo, muy acelerado en el siglo XIX, o la persistencia del esclavismo, especialmente el que desplazó al continente americano a tantos millones de africanos, a medida que la mano de obra indígena se extinguía o resultaba insuficiente para la continua expansión económica, visible en las grandes haciendas y en el volumen del comercio mundial.

En medio de ese proceso, por supuesto, Europa fue identificada una y otra vez como el origen de la raza superior, con más cráneo, más cerebro, más inteligencia, creatividad, sensibilidad y facultades morales y estéticas, y todo ello por herencia. Pero la denominación ordinaria de esta supuesta raza superior, desde “blanca” a simplemente “europea”, carecía de la pátina científica necesaria y los antropólogos y naturalistas empezaron a proponer denominaciones más técnicas.

Una de las más extendidas, incluso en la actualidad, es la de “raza caucásica”. Se la debemos a Johann Friedrich Blumenbach, médico alemán y uno de los fundadores de la antropología física, disciplina que basó en la anatomía comparada, especialmente la craneal.

Acuñó el término en 1775, cuando todavía no se había publicado la obra de Darwin y los naturalistas aún debatían la creación única o separada de las distintas razas. Blumenbach etiquetó como “caucásica” a la raza europea en su obra De generis humani varietate nativa (“Sobre las diferencias naturales en el linaje humano”), sin contar todavía con los argumentos evolutivos darwinianos, y sin apelar siquiera a la supuesta mayor capacidad craneal (que sus propios estudios desmentían). El criterio científico en el que basó su clasificación racial fue estético, la superior belleza de la raza europea, tal como declara abiertamente en su libro:

“He tomado el nombre de esta variedad del monte Cáucaso, tanto por su entorno, y especialmente por su vertiente sur, que produce la raza más hermosa de los hombres, me refiero a la de Georgia, y porque todos convergen por razones fisiológicas en que esa región, más que en cualquier otro lugar, puede considerarse como el lugar de mayor probabilidad como lugar de nacimiento de la humanidad.”

Blumenbach era creacionista, una idea del mundo que implicaba que el paso del tiempo había degradado y corroído la perfección de la creación divina inicial.  Y era monogenista; no creía en una creación de cada raza por separado (poligenia), sino en único origen común, perfecto, a partir del cual se habían extendido y “desviado” las otras razas. La desviación tenía dos direcciones divergentes: mongoloides y americanos (en un primer nivel todavía próximo al caucásico), y malayos y etíopes (o negroides) en ambos extremos de lejanía (y, claro está, de fealdad).

Pero él no conocía el Cáucaso, no había estado en la región jamás. En esto se fiaba de los viajeros y sus crónicas. Le convenía creer en el tópico porque, además, encajaba con otra de sus creencias, con la que todo cobraba sentido definitivamente.

Y es que, estimados colegas, blogeros, demógrafos, estudiosos o simplemente interesados por las poblaciones en general, debéis saber que ¡fué en el Cáucaso donde se posó el arca de Noé tras el diluvio universal! Ocurrió en el monte Ararat (ancestral montaña sagrada de los armenios, hoy territorio de Turquía, cerca de la frontera con Georgia), tal como ya había escrito Marco Polo y se repitió en diversos textos hasta el de Sir John Cardin, Travels in Persia, publicado en 1711 y que probablemente es la fuente de Blumenbach.

Así que todo encaja: Dios sólo creó una vez al ser humano; a partir de esa creación de una única raza inicial y perfecta, degeneraron las demás; la raza inicial es la caucásica porque es allí donde empezó a expandirse nuevamente tras la quasi-extinción a la que fue condenada por sus pecados y de la que se salvaron Noé y su familia, y cualquiera notará que esa es la raza originaria, por su superior hermosura frente a los mongoloides o los negroides. Ciencia pura, vamos.

La anécdota sería incluso graciosa, pero la sonrisa desaparece de golpe sólo con recordar las función política que estas basuras “científicas” han tenido en la historia posterior, cuando poderosos Estados las han utilizado para dar coartada académica y científica a sus políticas migratorias, laborales, nacionales, internacionales, de discriminación, de orden público, eugenésicas o, directamente, genocidas. Y todavía sigue habiendo quien cree que es de raza caucásica.

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8 comentarios en “¿Eres de raza caucásica?”

  1. Toda esa gente que habla en Internet pestes del multiculturalismo (como el primero que te insulto) en realidad son chicos que se sienten vacíos, sienten que algo les falta en su vida y el racismo los llena, creen que siendo racistas por fin pertenecen a algo, a un grupo. ¿Cómo lo sé? simple: también fui uno de ellos, también me sentía “nacionalsocialista”, pero comprendí que se debía a mi falta de identidad. ¿Curioso no? hablan de multiculturalismo e imitan las ideas de los alemanes, portan sus símbolos y sobre todo: ¡REPITEN FRASES EN INGLES! como aquella del “White Power”.

    En fin, tlazohcamati miyac (muchas gracias, en nahuatl): saludos desde México, patria orgullosamente mestiza.

  2. Toda esa gente que habla en Internet pestes del multiculturalismo (como el que te insulto) en realidad son chicos que se sienten vacíos, sienten que algo les falta en su vida y el racismo los llena, creen que siendo racistas por fin pertenecen a algo, a un grupo. ¿Cómo lo sé? simple: también fui uno de ellos, también me sentía “nacionalsocialista”, pero comprendí que se debía a mi falta de identidad.

    ¿Curioso no? hablan de multiculturalismo e imitan las ideas de los alemanes, portan con orgullo sus símbolos germanos y sobre todo: ¡REPITEN FRASES EN INGLES! como aquella del “White Power”.

    En fin, tlazohcamati miyac (muchas gracias, en nahuatl): saludos desde México, patria orgullosamente mestiza.

  3. Te podes limpiar bien el orto con tu blog de mierda, Negro multiculturalista de mierda, Asqueroso judío usurero, Basura!
    White Pride World Wide!

    1. Rosenkranz, muchas gracias por tu aportación. Permite comprobar que he provocado la lógica respuesta de un racista cuando se le desmontan los argumentos/basura con los que pretende complementar su auténtica fuente de motivación, que no es otra que el odio. El hecho de que leas y comentes me hace pensar que hay esperanzas para ti; siempre estarás a tiempo de empezar a pensar un poco, más allá de los prejuicios y la testosterona. El día que te interese debatir con argumentos en vez de insultos, podemos intercambiar todos los comentarios que quieras. Un saludo y gracias por escribir.

  4. Hola Julio, excelente texto. Creo que se lo pasaré a mis alumnos de Antropología el curso que viene. Eso sí, una pequeña corrección: el monte Ararat históricamente ha pertenecido a Armenia (es el Montserrat de los armenios, su montaña sagrada), pero actualmente es Turquía (de hecho, acabo de leer en la Wikipedia que es el monte más alto de Turquía) tras el genocidio y expulsión de los armenios en la segunda década del siglo XX.

    Bones vacances,
    Fernando

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