Envejecimiento y mediación: nuevos cuidados, nuevos conflictos.


Lo que sigue es un texto elaborado por Maria Ángeles Rueda Román, graduada en trabajo social por la Universidad de Murcia y estudiante de sociología en la Universidad Complutense de Madrid. He tenido la suerte de contar con su colaboración en forma de prácticas curriculares, experimentando con una nueva base de datos cronológicos en la que estamos incluyendo eventos relevantes para la historia de la protección a la vejez en España. Como Maria Ángeles ha trabajado previamente en temas vinculados a la mediación en la resolución de conflictos, hemos pensado que podía contribuir al blog con una entrada acerca de su tema, vinculándolo al envejecimiento demográfico. El texto que ha elaborado vale la pena y da pistas útiles para ampliar la información:

Envejecimiento y Mediación: Nuevos cuidados, nuevos conflictos.

M ª Ángeles Rueda Román

La esperanza de vida ha aumentado notablemente en las últimas décadas y las proyecciones del INE prevén que continuará aumentando a un ritmo de 2 años por década (1). Además la generación del Baby boom empezará a jubilarse a partir del 2020, de modo que la población mayor aumentará llamativamente, al menos a corto plazo. Si partimos de la base de que los conflictos acompañan al género humano en todas las etapas de su vida, cabe esperar una mayor incidencia de aquellos en los que se ven implicados los mayores.

Una causa de posibles conflictos es la dependencia, que aumenta con el incremento de la esperanza de vida. Ante estas situaciones novedosas, abundantes y poco conocidas por las familias, la primera respuesta está caracterizada por una cierta desorientación. Este escenario se ve acentuado debido a que los cuidados en el entorno familiar siguen cobrando un papel importante en la sociedad actual, aunque el contexto social haya experimentado importantes cambios. Se está produciendo un choque moral entre pasado y presente, manteniéndose la aprobación social del cuidado del mayor en el hogar familiar, tradicionalmente desempeñado por una figura femenina (concepción que sigue predominando pero que va modificándose debido a cambios como la incorporación de la mujer al mercado laboral), pero con una menor dotación de recursos, puesto que hoy en día tanto el hombre como la mujer trabajan fuera de casa. A esto hay que añadir la mayor duración de los cuidados a medida que mejora la esperanza de vida de los dependientes.

Se ha alterado la dinámica de los cuidados a los mayores. Se produce un reparto de tareas entre el cónyuge del dependiente y los hijos, que en ocasiones puede derivar en conflicto sobre la manera de ejercer este cuidado o los recursos internos y/o externos al núcleo familiar que se utilizan (2). Puede ocurrir que uno de los hijos reclame a los otros mayor implicación, y estar ésta vinculada a problemas futuros relacionados con la herencia, decisiones sobre la enfermedad, incapacitaciones, etc.

La dependencia está extendiendo los conflictos referentes al cuidado de los mayores también porque, en ocasiones, genera una “sobrecarga” del cuidador/cuidadores (3).

Por todo lo anterior, éste puede ser un nuevo espacio en el que extender la mediación como proceso de resolución de conflictos, donde el mediador ayuda a las partes a que, mediante el diálogo, expongan las necesidades reales que tiene cada una de ellas, en una situación de equilibrio e igualdad donde ambas intentan buscar una solución. En ningún supuesto el acuerdo es propuesto por el mediador, sino que es determinado únicamente por las partes en conflicto, permitiéndoles recuperar la confianza en su capacidad para resolver futuras confrontaciones y logrando la satisfacción de las dos partes con la solución final adoptada..

Asimismo, autores como Barrera Algarín, Malagón Bernal, y Sarasola Sánchez-Serrano (4), defienden que la mediación puede prevenir la violencia ejercida hacia los mayores, actuando como canalizadora de la ansiedad, ya que quienes incurren principalmente en malos tratos son a la vez sus cuidadores.

Como ejemplo práctico de mediación en el ámbito de mayores, hay una experiencia de 2007, a través del proyecto de investigación y desarrollo “MEDIMAYOR”: La mediación como instrumento de gestión de conflictos en el ámbito de las personas mayores autónomas y dependientes, cuyos resultados fueron muy positivos: el 95,5% de cuyos participantes  recomendaría la mediación a otras personas. Además, apunta que se consiguió cambiar las percepciones del conflicto entre los participantes, logrando una mayor seguridad en el enfrentamiento y que en aquellos casos donde no se llegó a alcanzar acuerdo, al menos mejoró la relación.

Respecto a la regulación legal de este proceso, además de las diferentes legislaciones sobre mediación familiar que se vienen desarrollando a nivel autonómico desde 2001 en 13 Comunidades Autónomas y que incluyen temas relacionados con conflictos en los que se ven inmersas personas mayores (regulación del régimen de visitas de los nietos, problemas de herencia, de cuidado de personas en situación de dependencia, etc.), hace un año se aprobó, a nivel nacional, la Ley 5/2012 de 6 de julio de mediación en asuntos civiles y mercantiles.

Quienes estén interesados en ampliar información, pueden consultar el programa “Para todos la 2”, dedicado a este tema en febrero de 2011, donde se explica qué es la mediación (Durante los 5 primero minutos se dan orientaciones a nivel general) y se acerca a las diferentes experiencias que se vienen desarrollando en España a través de un debate con la participación de Margarita Uría (Vocal del Consejo General del Poder Judicial), Anna Vall (mediadora) y Francisco Hidalgo (mediador).

Notas

  1. INE (2013). Informe: Mujeres y hombres en España 2013. Salud (Actualizado 20 mayor de 2013). Dado el momento que vivimos, que no se caracteriza precisamente por el crecimiento y las mejoras en bienestar, cabe dudar sobre las proyecciones a largo plazo.
  2. Barrera Algarín, E.; Malagón Bernal, J.L.; Sarasola Sánchez-serrano, J.L. (2007). Mediación intergeneracional y personas mayores. Portularia vol. VII, Nº 1-2. Universidad de Huelva. p.81.
  3. Ídem, p.78-78.
  4. Ídem, p.81-82

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