¿Sueñan los androides con Demografía?


En ApdD encontrarás películas o novelas que reflejan temas demográficos, y la ciencia ficción es un terreno especialmente abonado. Blade Runner parece no hacerlo, pero es solo apariencia. Basada en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, recoge muy libremente sus claves temáticas y ambientales para construir, por una vez, un film histórico por méritos propios. Y quien conoce la novela sabe que la esterilidad generalizada provocada por la contaminación radioactiva atraviesa el mundo de Dick, del que han emigrado masivamente quienes han podido pagarlo, quedando solo personajes carcomidos e incapaces de reproducirse (igual que los animales, extintos hace tiempo y de los que sólo existen ya reproducciones biónicas carísimas). Siempre es de noche porque la contaminación ya no permite ver el Sol, y el núcleo argumental es la busca y captura de “replicantes”, androides construidos para hacer el trabajo duro en los asteroides, pero evadidos hacia la Tierra en busca de un remedio a la duración finita con que les diseñaron.

Muerte, duración de la vida, reproducción, migración, desigualdad,… al final parece que sí había algo de demografía aquí. Esto es lo que nos muestra este post que nos regala Juan Hernández (muchas gracias Juan por este regalo).


¿Sueñan los androides con Demografía?

 

Juan Hernandez

Juan Hernández Vázquez es biólogo por la Universidad de Salamanca, especializado en Neurobiología y neurociencias. Actualmente cursa el Máster en Pandemias, Salud Global y COVID19 organizado por el CSIC 

 

El cine y la demografía son dos disciplinas esencialmente políticas, incapaces de emanciparse de su tiempo. Por ello aplicar un enfoque demográfico al análisis fílmico no es solo posible si no también necesario si se quiere entender sus temas, de donde nacen y su importancia en la sociedad. En este breve texto diseccionaremos Blade Runner (1982) de Ridley Scott con conceptos demográficos (Migraciones, Teoría de la Transición Demográfica (TTD) o Esperanza de Vida).

Es difícil encontrar factores que puedan influir más en la sociedad, dominando la construcción de nuestros miedos y anhelos como especie, que sus propias dinámicas, estructuras y mecanismos de reproducción. Esto es precisamente el objeto de estudio de la demografía, y por tanto, al hablar de dinámicas y estructuras de poblaciones humanas, estamos hablando también de política. Sin olvidar que es una ciencia que surgió junto a los sistemas estadísticos oficiales con los nuevos modos de estados-nación a finales del S. XIX y principios del XX.

Blade Runner pertenece a la época en la que la crisis del estado del bienestar Roosveltiano dio paso al modelo neoliberal de los Chicago Boys. En las predicciones demográficas de los años 80, EE. UU. era sobrepasado económicamente por Japón, lo que se refleja en la yuxtaposición de una contemporaneidad arquitectónicamente invasiva sobre un pasado convertido en fetiche, atributo habitual de lo japonés (un país que en el siglo XIX saltó del feudalismo a la revolución industrial sin pasar por la edad moderna ilustrada) que impregna este Los Ángeles 2019 ciberpunk en el que no por casualidad la presencia de lo asiático es permanente.




Este Los Ángeles que refleja un mundo saturado, maltusiano, barroco, hiperbólico en lo comercial y lo industrial, a merced de una aceleración económica y urbana que camina hacia la implosión y la catástrofe. No es mas que un reflejo de la visión fatalista y escéptica del futuro,  heredera de las proyecciones pesimistas que subyacen a la Teoría de la Transición Democrática (TTD) formulada en los años 30 y reformulada durante la Guerra Fría, que domino el campo en décadas posteriores. Recordemos que, aunque la Teoría de la 2º Transición demográfica fue coetánea a esta película, hay que analizar la influencia de los factores sociales en el cine como se hace en demografía, bajo una óptica longitudinal por generaciones, por lo que la película tiene más de la sociedad unas décadas anterior que en la de su producción.

La TTD propone una ruptura histórica de las dinámicas demográficas tradicionales impulsada por factores económicos y técnicos. En su reformulación por Notenstein en los años 60-70 subyace el miedo al crecimiento demográfico descontrolado en el que se encuentran los países en desarrollo, con la amenaza que ello supone para EEUU en su lucha contra el Comunismo. Este crecimiento demográfico descontrolado se debe a que sus mejoras en la mortalidad le han llegado de una manera repentina, de la mano de un progreso tecnológico desarrollado en el primer mundo que no dará tiempo a producir el necesario desfase temporal para el descenso de la fecundidad que permita el equilibrio.

Para incidir en esta visión distópica basada en la tecnofobia, Scott apuesta por la escenografía y decorados como herramienta para transmitirnos un futuro abarrotado de gente pero inhumano, donde la tecnología domina el día a día con coches voladores, luces leds y edificios faraónicos. También vemos el papel que juega la urbanización como herramienta narrativa para transmitir opresión, con grandes urbes intensamente densificadas, con una fuerte estratificación vertical de clase, potenciada por la decisión de no sacarnos de la ciudad en toda el metraje. La creciente importancia que ponía la sociedad en el medio ambiente se observa en las calles repletas de basura y en la presencia de animales biónicos embebidos en el caos urbanita, artículos de lujo ante la pérdida y destrucción total del resto de ecosistemas naturales.

En esta película los replicantes, como Roy y Deckard, son esclavos humanos fabricados, esterilizados y con vida limitada. Son una aberración moral. Blade Runner trata aquí sobre las responsabilidades inherentes al uso de las herramientas de bioingeniería. La responsabilidad sobre otros humanos vivos. Es decir, el mito de Prometeo y el dilema de si los seres humanos creados son o no sujeto de pleno derecho, jugando con los conceptos de población de hecho/derecho. Por lo tanto, los replicantes como Roy son tratados como mano de obra esclava, controlados para que desempeñen las funciones que “nosotros” no queremos o no podemos desempeñar. También una amenaza para algunos y una excusa para aferrarse al supremacismo como expresión de inseguridades. El paralelismo con la inmigración hacia los países desarrollados es evidente, donde llegan mayoritariamente personas jóvenes y sanas que, debido a la segmentación del mercado laboral y el aumento de la especialización educativa que han vivido estos países en el ultimo siglo, se les permite desempeñar las funciones y trabajos menos demandados. Las colonias del mundo exterior son, por supuesto, campos de algodón allende el océano.

Como en la vida real, donde a pesar de los riesgos que supone emigrar, tanto físicos como sociales, económicos y psicológicos, se sigue produciendo porque existen factores de atracción suficientemente potentes. Y qué mejor factor de atracción que el mayor valor de la vida en estos países. En el film, los replicantes se juegan el ser “retirados” regresando a la tierra, porque en su humanidad desarrollada, no quieren morir, como están programados: “Es penoso vivir con miedo, verdad? Eso es lo que significa ser esclavo”.

Este anhelo de la humanidad por romper los limites de la vida, aquí reflejado, se construye bajo la premisa de una esperanza de vida finita producto, entre otras cosas, de la metodología del cálculo de las probabilidades de morir de la época. Al no disponer de suficiente muestra para que la significación estadística fuera robusta en edades muy avanzadas, los datos se completaban aplicando una función exponencial, lo que implica un límite teórico a la esperanza de vida humana, por principio.

El tiempo de vida es un tema vital en la demografía, llegando algunos teóricos a afirmar que ésta es la materia con la que se construye el análisis demográfico, no los individuos. Este es también un tema esencial en la película, recurrente, como en el personaje de J.F. Sebastián, también abocado a una muerte prematura, lo que proporciona el vínculo empático con los replicantes para ceder y llevarles ante su “creador” Tyrell, en busca de la solución a ese final precoz que comparten: “Yo quiero vivir más, padre”. Es en este punto en el que Roy asume su finitud y busca “trascender” de otro modo, a través de la memoria de otro.

Porque es precisamente la memoria generada por Roy, sus vivencias y sentimientos que éstas han originado: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…”, junto con el miedo a la muerte, lo que le confiere la humanidad que le hace empatizar con Deckard (que no sabe que es un replicante como él) al verlo al borde del abismo, con el mismo miedo a morir que él siente, e ir en contra de su programación, salvándolo y permitiéndole alcanzar la “vida eterna”.



Referencias:

 

 


Música en ApdD: Presuntos Implicados – Alma de blues 

2 comentarios en “¿Sueñan los androides con Demografía?”

  1. Buenos días:
    Interesantísima reflexión cine-demográfica. Recuerdo que en el mismo mes (de abril, creo) vi “Blade Runner” y “The Wall”. Dos películas basadas en historias publicadas antes en otros formatos que ya conocía. Visto desde ahora me imagino que no me dispusieron a un estado de ánimo muy primaveral, pero recuerdo ambas y sus respectivos orígenes.
    Con respecto al enfoque político demográfico, esa visión de los años 60 – 70 sigue ahí. La Segunda Transición Demográfica, a efectos prácticos, todavía no marca pensamiento político. Véanse las propuestas a medio largo plazo (cuando las hay). En muchos foros la visión del concepto “ciudad” es la de esa película. Faltan los coches voladores, pero poco más.
    Saludos
    Jesús

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