El Censo de EEUU y las razas


La reforma sanitaria de Obama, y la feroz oposición que suscitó, hicieron visibles muchos de los dilemas ideológicos y contradicciones internas de EEUU. Especialmente mordaz, P.R. Krugman llegó a afirmar que la protección sanitaria no se había universalizado aún por una secuela del esclavismo; una parte del país seguiría rechazando que sus impuestos paguen beneficios médicos a los negros. Cierto o no, la cuestión racial sigue muy presente en las propias administraciones de EEUU. Buena muestra es el mantenimiento de la raza como pregunta en su Censo .

La propia US Census Bureau se apresura a aclarar que el concepto y la clasificación manejados no tiene ningún fundamento científico (biológico, genético), y que se trata sólo de una adscripción voluntaria y subjetiva. De hecho, quien regula su utilización es la Office of Management and Budget, que justifica su mantenimiento por la utilidad en políticas sobre derechos civiles y para la aplicación de programas sociales federales. De entrada, la variable “raza” permite constatar desigualdades como ésta:

Pero el debate no puede eludirse tan fácilmente. Que no sea un concepto apoyado en la ciencia no es el único problema del uso de la “raza” en los censos. En un país en el que incluso la edad puede excluirse de la información personal para evitar discriminaciones, formado por continuas capas de aportes inmigratorios de todas las regiones del mundo y en el que el racismo de Estado sólo empezó a desmontarse en la segunda mitad del siglo XX, no faltan quienes consideran que el propio Censo, desde sus inicios, ha estado creando y consolidando discriminación y clasificaciones tendenciosas de la población.

(Recomiendo especialmente un repaso a la obra de Simon Szreter acerca del papel jugado por los sistemas estadísticos en la construcción y fijación de “clases” de población).

En cualquier caso el concepto y su clasificación sigue teniendo una enorme carga ideológica y despierta polémicas constantes. La única supuesta raza que ha permanecido siempre, desde el primer Censo, es la  “blanca”. En 1850 sólo iba acompañada de dos categorías más; “negro” y “mulato” y hasta 1880 no se incluyeron “indio” (referida a los nativos) y “chino”. No son, por tanto, sólo los avatares inmigratorios del país los que marcan la pauta. Estamos ante uno de los mejores ejemplos sobre cómo los conceptos crean realidades, y sobre las tensiones y disputas consecuentes por su control y orientación.

En realidad uno de los problemas científicos de la variable es esa discontinuidad de las categorías en el tiempo, que dificulta notablemente la comprensión de aquello que supuestamente se está midiendo y el análisis de su evolución histórica. Una de las mayores rupturas de las series de datos se produjo en el año 2000, cuando se empezó a permitir marcar más de una categoría racial, cosa que hicieron más de siete millones de personas.

No acabaron por ello las reclamaciones de ciertos colectivos, que persiguen ser reconocidos oficialmente como sujetos de derechos. La clasificación actual prescrita por la Oficina de Administración y Presupuesto tiene cinco categorías generales: blanco, afroamericano, indígena nativo estadounidense, asiático y nativo de las islas del Pacífico (las dos últimas incluyen subcategorías ; por ejemplo, “asiático” se divide en “chino”, “japonés”). Son por tanto muchos los que no se identifican con ninguna, y rellenan a mano la respuesta abierta (“alguna otra raza”) con términos como “hispano”, “latinoamericano” o, incluso “mexicano” (similares problemas provoca la pretensión de que los árabes se autoidentifiquen como “blancos”).

La mejor expresión de la falta de todo rigor científico o metodológico en la pervivencia de la pregunta nos la proporciona la propia administración federal, cuando en su web afirma literalmente que “People who identify their origin as Hispanic, Latino, or Spanish may be of any race” y no los incluye como razas porque hacen alusión, únicamente, al origen de la persona. Asiático, Chino o Japonés ¿a qué se refieren entonces?

Se niegue oficialmente el fundamento genético o biológico del concepto, pero es imposible escapar después a su biologismo inherente. Como en tantos otros ámbitos de nuestras relaciones sociales y nuestras organizaciones políticas, la verdad y el conocimiento de la realidad tienen una importancia secundaria cuando se contraponen a ficciones colectivamente apoyadas o políticamente útiles (qué más da que el rey esté desnudo, si elogiando la belleza de sus vestimentas conseguimos sus favores).

Agradeceré todos los comentarios a favor o en contra de que en demografía se sigan manteniendo clasificaciones o categorías como la racial.

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Un pensamiento en “El Censo de EEUU y las razas”

  1. Como sabéis desde hace mucho tiempo se hacen críticas a que el fenómeno de fecundidad se analice desde la categoría sexo investigando únicamente sobre mujeres. Son muy escasos los estudios en los que se contempla al varón.
    Esto como la teoría de roles hace muy difícil agilizar las investigaciones así como el cambio social en materia familiar.
    En mi libro El Precio de un hijo. Tengo un capítulo que trata de este tema. Se titula “Los estudios demográficos ¿de quién son los hijos?
    La actitud de la ciencia demografica ante la cuestion de género”.
    Si os interesa me lo podéis pedir.
    Me parece una discusión interesantísima, por supuesto el tema de la raza a estas alturas no se debería mencionar, primero porque habría que hablar de etnia, es la cultura lo que lleva a estilos de vida diferenciales y en segundo lugar si las personas están mezcladas no habría lugar a diferenciarles por razas. Aunque no hay que pecar de ingenuidad y los ghettos siguen existiendo.

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