Simone Veil y despenalización del aborto


Puede parecer improbable que una misma persona acumule tanta importancia, simbólica y real, en la historia internacional del holocausto nazi, en los esfuerzos por reivindicar y defender jurídicamente después a sus víctimas, en el impulso al feminismo en la política parlamentaria, en la lucha por erradicar el tabaquismo y despenalizar el aborto como medidas de salud pública, o en la construcción de una Europa unificada bajo un parlamento común. Pero todo eso coincide en Simone Veil, fallecida el año pasado.

No cabe repasar aquí todas las facetas del personaje, basta enumerar algunas: niña judía superviviente a Auschwitz, después presidenta de la Fundación para la Memoria del Holocausto e impulsora del Fondo para las Víctimas en el Tribunal Penal Internacional; tras convertirse en magistrada,  fue llamada por Jacques Chirac para que ser ministra de Salud; primera presidenta del Parlamento Europeo, apoyada por Giscard d’Estaing, y todo ello atravesado por un feminismo decidido y constante.

Podéis encontrar fácilmente información sobre cada una de esas facetas. Para ApdD y nuestra sección sobre políticas demográficas la importancia de Veil se concentra en una fecha emblemática, el 19 de diciembre de 1974, cuando pronunció un mítico discurso ante el parlamento francés , como ministra de salud.

En ese discurso defendía su propia propuesta de ley para despenalizar el aborto y hacer legal la IVG (Interruption Volontaire de la Grossesse), frente a la oposición de su propio gobierno y frente a una tradición punitiva de siglos .

Para los franceses y para el feminismo mundial aquel día tiene tanta repercusión que se le ha dedicado incluso un Telefilm “La loi”protagonizado por la actriz Emmanuelle Devos y estrenado en France2 en 2014.

Las potencialidades dramáticas de aquella jornada son muchas. Era la primera vez que en Francia una mujer llegaba a Ministra. Sólo hacía seis meses que había sido nombrada para el cargo, y quien lo había hecho era un presidente, Jacques Chirac, de carácter conservador además de católico (gaullista, exministro de Pompidou, a quien sucedió tras su muerte). La casi totalidad de la Asamblea estaba constituida por hombres. Veil tenía experiencia como magistrada, pero no como parlamentaria. Se enfrentaba con el estamento médico, abrumadoramente masculino, hasta entonces el único con la potestad decidir sobre la legalidad, según una ley de Interrupción Médica del Embarazo. Además no contaba con el apoyo del partido en el gobierno, de manera que durante la sesión tuvo que enfrentarse a los diputados de su propio grupo.

Tras  su discurso empezaron tres días de enfrentamientos y tensión, un total de veinticinco horas de debate parlamentario durante las cuales el sector más conservador utilizó cualquier arma contra ella, incluyendo los ataques personales. Una judía internada en un campo de concentración, que había perdido a sus padres en las cámaras de gas nazis, tuvo que escuchar cómo un diputado antiabortista la acusaba de “instaurar una nueva forma de eutanasia legal”. Otro subió al estrado con una grabación amplificada de los latidos del corazón de un feto.  Aparecieron pintadas en su casa con insultos y cruces gamadas, recibió amenazas.

Finalmente la noche del 29 de noviembre la ley que despenaliza el aborto es votada: 285 a favor (una mezcla de izquierda, socialistas, comunistas y centristas) y 188 en contra, entre los cuales la mayor parte de su propio partido. Faltaba pasar por el Senado, y finalmente la ley fue promulgada el 17 de enero de 1975.

El aborto dejaba de constituir un delito penal, como lo había sido durante todo el siglo XX, con leyes que habían comprendían incluso la pena de muerte, como la de 15/02/1942, que llevó a varias personas a la guillotina (es el caso de Marie-Louise Giraud en 1943, condenada por un tribunal de excepción).

Lo paradójico de todo el asunto es que la nueva ley era muy limitada, y sólo provisional. Ni siquiera añadía la cobertura de la Seguridad Social. De hecho, en 1974 las leyes penales se aplicaban muy escasamente, y entre los jueces hacía tiempo que su interpretación era sumamente laxa. El valor de este cambio legal era que rompía con una larga tradición estatal que vinculaba el aborto a las políticas demográficas nacionales. Era el Estado, no la moral, lo que la ley había defendido hasta entonces, siempre bajo el supuesto de que Francia era un país demográficamente débil que debía ser reforzado mediante políticas natalistas frente a la amenaza de vecinos como Alemania (ver aquí el natalismo en Francia).

La Ley Veil rompía esta larga tradición que hacía de la fecundidad un asunto de Estado, justificando políticas demográficas decididas. El aborto dejaba de ser una traición que rebajaba el número de franceses. Y lo hacía evidenciando el grave error de análisis subyacente en tales ideas; como ministra de Salud Veil ponía sobre la mesa un argumento igualmente patriótico y demográfico:“No podemos seguir cerrando los ojos sobre los 300.000 abortos que cada año mutilan a las mujeres de nuestro país”.

El actual movimiento pro-vida, especialmente cuando reaviva los argumentos natalistas, suele olvidar que pese a todas las leyes que se aprueben dificultando o penalizando el aborto, el resultado raramente es una reducción sustancial en su incidencia y, por lo tanto, un efecto visible en forma de mayor natalidad. En cambio sí resulta en un deterioro sensible y medible de la salud femenina colectiva, resultante de la clandestinidad y la falta de cobertura sanitaria oficial (véase aquí sobre el aborto y su legalidad, artículo de Sol Minoldo) . Son las mujeres las que padecen de forma casi exclusiva la legislación restrictiva, y eso Veil lo enfatizó constantemente, provocando un giro notable en la relación entre la política francesa y la prioridad natalista.

Así que, pese a las abundantes facetas de esta mujer, la despenalización del aborto la ha situado en un lugar destacadísimo en la larga disputa ideológica alrededor de la anticoncepción, el aborto, el natalismo, el derecho a la vida (el del feto) y el derecho de la mujer sobre su cuerpo. Sus detractores, claro está, son muchos y han aumentado a medida que el antoabortismo ganaba terreno. Todavía en 2007 la prensa ultracatólica española manipulaba sus declaraciones para intentar alejarla de la causa enemiga. Lo cierto es que hasta su muerte Veil ha sido abrumadoramente coherente en defender la causa feminista, incluso presidiendo el parlamento europeo. Merece ser recordada como tal.

Entrevista el 19/12/1974 defendiendo su propuesta de ley (Archive INA)

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