D.W. Griffit y El nacimiento de una nación


El racismo en los orígenes del cine estadounidense

D. W. Griffith forma parte de la historia del cine, con una película épica, estrenada en 1915: “El nacimiento de una nación” (The Birth of a Nation).

Con cinco mil escenas diferentes, 18 mil extras y actores, tres mil caballos… fue la producción más costosa hasta el momento, pero también rebosó inovaciones históricas, como los primeros planos o el montaje en paralelo.

Sin embargo diversos homenajes recientes del mundo cinematográfico estadounidense han acabado en protestas y enfrentamientos, porque tras esta joya histórica del cine hay también un auténtico monumento al racismo.

Se estrenó con el título “The Clansman”, es decir, “El hombre del Klan”. Era la adaptación cinematográfica de la obra de Thomas Dixon (1864-1946) The Clansman: An Historical Romance of the Ku Klux Klan (puede encontrarse la obra completa online, en la UNC University Library).

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La película está ambientada durante la Guerra civil estadounidense, y el periodo que la siguió, la llamada “Reconstrucción”. El esclavismo y su abolición tienen en ella un evidente protagonismo. Pero más que esa época, son los prejuicios y la tensión racial de las primeras décadas del siglo XX, el momento en que se rueda, lo que realmente subyace a este film. Ni siquiera se utilizaron auténticos actores afroamericanos, sino blancos pintados de negros.

El Ku Klux Klan, en efecto, tiene su origen en Tennesee en la época de la Reconstrucción. Su nombre resulta de fundir Kyklos (“círculo” en griego) y Clan (porque los primeros integrantes eran escoceses y así llamaban a sus familias extensas). Pero este primer Klan fue prohibido mediante el Acta de derechos civiles de 1871. Todavía siguió apareciendo, incluso en acontecimientos muy sangrientos como la Masacre de Colfax en 1873, en Louisiana (más de 200 negros asesinados), pero la organización fue decayendo y prácticamente había desaparecido al empezar el siglo XX.

Sorprendentemente, fue la película de Griffit la cristalizó el retorno del Klan. Inició una fiebre de admiradores, que aceptaron la imagen que el cine presentaba, una idealizada y heróica organización civil para defender el sur. Uno de sus más fervientes fans fue el propio presidente, Woodrow Wilson, cosa que todavía hizo crecer más sus nuevos adeptos. Sólo faltaba un detonante, que en este caso fue la acusación contra un judío de violar a una menor, para que finalmente retornasen las hordas del Klan (para secuestrarlo y lincharlo a muerte). En 1915 se refundaba formalmente la organización, que adoptaba los símbolos inventados por Griffit para la película. En realidad las batas blancas con capucha, cruces ardiendo y demás parafernalia habían sido un recurso dramático que nada tenía que ver con los habitos iniciales del Klan, sino con las ilustraciones de la novela de Dixon.

El nuevo Klan era un reflejo de su época, antisemita, anticatólico, antiinmigratorio, fundido entre las filas del republicanismo y con clara deriva hacia la violencia y la derecha más radical, con una facción dedicada al asesinato de líderes izquierdistas en los años veinte (la llamada “legión negra” por el color de sus túnicas y en clara sintonía con el lenguaje típico del fascismo en Europa). En esa década llegaron a tener tal peso político que consiguieron gobernar estados, como el de Indiana en 1924.

Los blancos bienestantes de esa época vivieron como una amenaza la supuesta pujanza demográfica de las “razas inferiores” o la nueva inmigración “contaminante”, que ya no llegaba del Norte de Europa sino del Sur y del Este. Era su propia versión de una paranoia similar y contemporánea en Europa en torno a la Decadencia de Occidente, por la baja fecundidad propia. En ambos casos estas preocupaciones se tradujeron en al apoyo político y financiero que impulsó definitivamente a la demografía como herramienta de Estado, con tal de que proporcionase las recetas con que poner remedio, en forma de políticas demográficas. La demografía estadounidense se desarrolló en torno a estos temas: la inmigración diferencial según la mayor o menor conveniencia de las razas de origen, y la diferente fecundidad de los inmigrados ya plenamente instaurados en EEUU.

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