Habrá para todos


por Juan Antonio Fernández Cordón

Un colega ilustre publica en El País de hoy 2 de febrero de 2017, un artículo al que merece la pena prestar atención. En resumen, nos conmina a prepararnos para afrontar una inevitable rebaja de las prestaciones sociales, aunque, sin mencionarlas, se refiere sobre todo a las pensiones. Se adivina una cierta impaciencia profesoral por tener que explicar lo evidente: la culpa está en la tozuda realidad de los números, tan incuestionable que solo los torpes o los mentirosos nos atrevemos a dudar. ¿De qué realidad se habla? La única referencia a ella en el artículo es: “el número de dependientes mayores aumenta de forma imparable y los grupos en edad de trabajar apenas crecen e incluso decrecen”. Se supone que todos entenderemos, sin más argumentos, a) que esta afirmación es incuestionable y b) que conduce inexorablemente a recortar las pensiones.

Mucho hay que confiar en la adivinatoria demográfica para llamar “realidad” a lo que será dentro de 40 o 50 años. ¿Habrá aumentado en 2060 el índice de envejecimiento, tal como prevé el INE ahora? No lo sabemos. Es un ejercicio útil, que permite anticipar situaciones si se cumplen los escenarios previstos y puede ayudar a tomar decisiones. Pero no es nada más. La realidad que los demógrafos preveían en 1990 para 2015, no se parece en nada a la de hoy. España lleva más de treinta años con una fecundidad por debajo del nivel de remplazo, sin que se haya notado en su población o en su mercado de trabajo: la inmigración ha compensado casi matemáticamente el déficit de nacimientos. El aumento de la población mayor es algo bastante más probable, aunque también con incógnitas. Si es cierto que las generaciones numerosas de los años 50-70 llegarán poco diezmadas a la edad de jubilación, la prolongación indefinida del aumento de esperanza de vida a partir de 65 años puede verse interrumpida por la degradación de la sanidad pública que los gobiernos neoliberales han puesto en marcha. No, la realidad futura no tiene la rotundidad de lo imparable, aunque es altamente probable que en el futuro aumente la población mayor y disminuya la población en edad de trabajar. A ello debemos prepararnos.

Lo segundo que se da por obvio es que ese cambio demográfico conduce necesariamente a un recorte del Estado de Bienestar y, en particular, de las pensiones. Veamos. Según el INE, la población española será, en torno a 2050, de 44,3 millones, solo ligeramente inferior a la de ahora, 46,4. La gran diferencia es que el número de mayores de 65 pasará de 8,7 a 15,6 millones y el de 15 a 64, los que están en edad de trabajar, de 30,7 a 23,4 millones. Admitamos estas cifras, aunque la inmigración podría ser superior a la prevista y probablemente lo será. La cuestión que será entonces relevante es: ¿cómo afecta la disminución de adultos jóvenes a nuestra capacidad productiva? En otras palabras, ¿podría una población en edad de trabajar más reducida que la actual producir igual o más que ahora? La respuesta es sí. De hecho, ninguna proyección económica que convive con el catastrofismo demográfico anticipa a largo plazo una disminución del PIB. Por una parte, puede aumentar la participación en el trabajo. La tasa de empleo (porcentaje de ocupados en la población en edad de trabajar) es actualmente de 61% en España y podría fácilmente alcanzar 73 o 75%. Por otra parte, se esperan aumentos importantes de la productividad. De hecho, una de las amenazas para el futuro sería la robotización extendida que permitiría producir cada vez más con menos gente. Un espíritu ingenuo podría pensar que el problema demográfico, la falta de jóvenes, tiene aquí su solución. En vez de lo cual se nos presentan dos problemas: a la vez faltan jóvenes (demografía) y sobran jóvenes (robotización).

Si el PIB se mantiene (al menos), la renta media, per cápita, será aproximadamente la misma que ahora, al ser la población futura muy parecida a la actual. El aumento del número de viejos significa también una disminución de los que tienen menos de 65 años. Si pretendemos dedicar los mismos recursos que ahora, en términos de porcentaje del PIB, a una población de viejos que se habrá multiplicado por dos, su nivel de vida será la mitad del actual. Y, si el PIB, al menos, no disminuye, se dedicarán los mismos recursos que ahora a una población menor de 65 años que se habrá reducido, en un número aproximadamente igual al aumento de la de los viejos: su nivel de vida se incrementaría, por la única razón de que el de los viejos habrá disminuido. Se producirá una transferencia de rentas de los mayores a los menores. Es obligado preguntarse a quién beneficiará esa punción realizada sobre la renta de los mayores. No lo sabemos. Pero intuimos, basándonos en lo que está ocurriendo, que no irá a mejorar los salarios. En todo caso, el problema real que presenta a la sociedad el envejecimiento poblacional debe ser abordado desde la voluntad de mantener los niveles de vida de todos y, si existe un coste, que este se reparta de la manera más justa y no solo que sea soportado por los viejos, que no tienen culpa ni del momento en que nacieron ni de vivir más tiempo. Voy a terminar apoyando la conclusión del autor: hay que explicar a la sociedad lo que realmente está en juego, sin engaños.

Juan Antonio Fernández Cordón
Doctor en Economía y demógrafo

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8 pensamientos en “Habrá para todos”

  1. Contesto aqui, Sol, a tu respuesta del 9 de febrero (no veo la opción de responder ahí). Antes que nada, muchas gracias, por tus detalladísimas explicaciones. Se nota que controlas mucho el tema desde ese punto de vista concreto.
    Ahora bien, lo de que los argumentos estuviesen al alcance de un ‘político medio’, los que van a tomar decisiones al respecto (de hecho ya las tomaron hace unos años), me temo que no se cumple y por un trecho más bien largo.
    Tu argumentación está basada en todo tipo de estimaciones, modelos, previsiones, proyecciones, hipótesis… Yo, como estadístico, puedo ser bastante empático con ese enfoque pero creo que todos podemos convenir en que las proyecciones/predicciones, más cuando el horizonte es tan largo, no pueden considerarse como verdad indiscutible (de hecho ni siquiera las estimaciones actuales pueden considerarse tales).
    Pongámonos entonces en el pellejo de un gestor de la SS. Que está viendo cómo, desde hace unos años, los ingresos no cubren los gastos. La llamada ‘hucha de las pensiones’ está ya próxima a vaciarse del todo. Los gastos, a corto y medio plazo, van a crecer seguro, y además a buen ritmo. Los ingresos, dependerán (medidas drásticas aparte, como financiar las pensiones en mayor medida que ahora mismo con impuestos, además de las cotizaciones) sobre todo de la evolución de la economía. Aunque sigamos creciendo (y el viento de cola, en particular los precios baratos de los combustibles, ya se está calmando), podríamos no hacerlo al ritmo necesario.
    Los gastos sanitarios y relacionados con la dependencia también pueden tender a aumentar como consecuencia del aumento previsible de la esperanza de vida, especialmente a edades avanzadas. Más claramente, quizá, el sanitario que el ligado a la dependencia. Las personas mayores cada vez demandan mayor calidad de vida (eso también modificará sus patrones de consumo).
    Sigo sin ver claro que el aumento de la riqueza (incluso dando por aceptado que aumentará por mucho que vaya a haber menos gente en edad de trabajar) vaya a dar para todo eso, sin reducir la recursos destinados a los demás estratos de edad muy por encima de su previsible disminución en efectivos. Aclaro: nunca he comprado las tesis catastrofistas (interesadamente catastrofistas) de los ‘expertos’ ligados a planes de pensiones privados. Pero comparto con Reher que algún motivo para preocuparse (o, al menos, ocuparse) sí que hay.

  2. ¿Tiene sentido hablar de consumo y producción agregada como si el hecho de que sea similar con un peso distinto de las distintas cohortes ya supusiera que el sistema mantiene su homeostasis? ¿Consumen lo mismo los ancianos y los infantes? ¿Ahorran lo mismo?
    Igual toca cerrar colegios empezar a destinar dichos actuales colegios a futuros geriátricos…

    Por otra parte, hablar de punción de transferencias a los viejos cuando lo que hay es un tapón generacional impresionante por el que un adulto de cuarenta años es llamado autor joven —que hasta la treintena no haya incorporación a vida adulta— parece una broma de mal gusto…

    El que directamente se diga —aunque sea para señalar la contradicción en la que otros estarían incurriendo—, que pareciera se da un doble problema (faltan y sobran jóvenes), teniendo en cuenta que desde este blog y en el propio artículo se sugiere que el primero no es tal problema (“no faltan jóvenes”) sólo queda concluir que la tesis genuina es que sobran…

    1. Todo lo que preguntás puede cuantificarse así que, no es necesario especular:
      -Existen bases de datos sobre los patrones de consumo por edad que permiten prever cuánto crecerá el consumo por el cambio en la estructura de edades. Y resulta que aunque el cambio en la estructura de edades supone un crecimiento global del consumo (aun sin que haya crecimiento vegetativo de la población), es un incremento bastante modesto y manejable.
      -Asimismo, es posible calcular si realmente atender el consumo de los grupos de edades mayores requiere incrementar las transferencias a tales grupos tanto como se incrementa su participación en la población, o si, por el contrario, es viable que los grupos que reducen su peso en la población (com los menores) incrementen su consumo per capita (al no reducir su consumo como grupo tanto como se reduce su participación en la población). Y lo cierto es que, hasta ahora, no ha habido una presión redistributiva entre grupos de edad por razones demográficas: gracias al crecimiento de la productividad y los cambios en las tasas de participación económica, los grupos de edades “productivas” representan ingresos laborales equivalentes a poblaciones de trabajadores mucho más pequeñas. Y el incremento de la producción material de la población española ha sido tal que gran parte de los problemas que comúnmente se asocian al envejecimiento no han sido sino un mito. El problema no es que se haya producido poco, sino cómo se apropia la riqueza producida, y cómo se distribuye en virtud de los mecanismos familiares y estatales de transferencias entre e intra edades.

      Respecto a lo ultimo que mencionas, tu interpretación es forzada. Lo que este blog y este post sostienen es que no sobran viejos ni faltan jóvenes, precisamente porque si lo que falta son personas que trabajen, allí están esos jóvenes que buscan empleo, y no lo consiguen. Leer que aquí se sugiere que sobran jóvenes es no haber entendido que la propuesta consiste en dejar de mirar los fenómenos de forma fragmentada y empezar a comprenderlos desde miradas macro y multidisiplinarias

  3. Estoy totalmente de acuerdo con que lo relevante para mantener la producción es, en primera instancia, la tasa de ocupación (¡no el porcentaje de población en edad de trabajar!, y menos aún con el paro tremendo que tenemos ahora mismo; me duelen los ojos/oídos cada vez que leo/oigo insinuar lo contrario, lo cual ocurre muy menudo) y, en segunda instancia, la productividad (que es lógico esperar que aumente mucho en las próximas décadas).
    Ahora bien, yo sí que alcanzo a vislumbrar un posible problema. A ver si a alguno de vosotros se os ocurre la posible solución.
    Concedido que el PIB va a seguir creciendo a medio/largo plazo aunque haya menos gente de 16 a 64 años. Pero es dudoso que lo haga al ritmo al que va a crecer el gasto en pensiones, por un triple efecto: aumentará el número de personas que van llegando a las edades de jubilación, aumentará (muy previsiblemente) su supervivencia, aumentará la cuantía de las pensiones a las que tendrán derecho (al menos a corto y medio plazo).
    Por tanto, si no se quieren reducir las pensiones la única alternativa sería ir dedicando porcentajes crecientes del PIB a su manutención. Y aquí viene mi gran duda: si ese porcentaje debe crecer (y sensiblemente), ¿qué otros porcentajes deberán reducirse para compensarlo?. No parece que sea el caso, por ejemplo, de la dependencia, entre otros motivos por la situación calamitosa en que los gobiernos del PP la han sumido. Podría haber quizá menos paro (o no, robots mediante) y menos gente potencialmente parada, pero dudo mucho que eso supusiese un ahorro siquiera comparable al aumento necesario de gasto en pensiones.

    Lo dicho, ¿a alguien se le ocurre cómo resolver ese potencial problema?. A mí solo se me ocurre ir retrasando la edad de jubilación al ritmo de la evolución (previsiblemente, aumento) de la esperanza de vida a esas edades, pero ni es una medida muy popular ni creo que, en principio, sea suficiente. La posibilidad de un incremento explosivo del PIB vía productividad no hay que descartarlo por completo (por los muchos avances tecnológicos que se peuden producir en ese horizonte temporal) pero fiarlo todo a esa posibilidad me parecería muy arriesgado. Y solo se me ocurre entonces otra medida bastante impopular: que lo que recibe y lo que cotiza cada uno se parezca mucho. Tanto el retraso en la edad de jubilación como el aumento de la cobertura se pueden considerar, en cierta medida, ‘recortes’ en las pensiones. En ese sentido concreto, lo que apunta Reher (que, como tantos otros, asocia en demasía el PIB futuro al número de personas en edad de trabajar) no me parece, desgraciadamente, tan descabellado.

    1. Supongamos que, como dices, debiera crecer el porcentaje de PBI destinado a un grupo cuya participación en la población creciera, siquiera para mantener sus niveles de bienestar de manera estable. Lo cierto es que, si el PBI no crece, la reducción de participación en el PBI, al equipararse con la reducción de esos grupos en la población, no afectaría sus niveles de consumo material per capita. Porque no hay que confundir reducir porcentajes, con reducir el bienestar per capita al interior de los diferentes grupos de edad. Esos porcentajes no representan lo mismo si la cantidad de personas del grupo crece o se reduce, ni si la riqueza de la cual son relativos se incrementa o se mantiene estática.

      De hecho, si el PBI creciera más que el consumo global, como sugieres, es posible que incluso pudiera financiarse un consumo estable per capita en la personas mayores (y por tanto pensiones que no se reduzcan un solo euro) sin por ello incrementar su participación en el PBI. Es decir, al ser un PBI mayor, un mismo porcentaje del producto podría representar muchos más recursos, equivalentes al consumo per capita de más personas mayores (manteniendo estable la capacidad de consumo). Y de ser así, al no transferir a los mayores un mayor porcentaje de PBI, se estaría incrementando el bienestar de los grupos que, con un porcentaje equivalente del producto, que equivale además a mas riqueza, deben ahora distribuirlo entre un porcentaje menor de la población.

      Si verificamos que la presión redistributiva entre grupos de edad no se constata, porque el PBI creció lo suficiente, podemos descartar que en efecto haya el problema que mencionas. Y podemos además establecer que contamos con recursos cuyo destino puede ser objeto de debate. Puesto que, si la evolución de nuestro sistema productivo nos reporta mayor riqueza, podríamos objetar que elevar el bienestar de unos grupos mas que otros sea automáticamente mas legitimo que elevar el bienestar de todos por igual. Y de hecho, podríamos considerar que es una falsa contraposición, puesto que los presuntos beneficiados
      serán en algún momento mayores. Así, si miramos en el largo plazo, un ciclo de vida completo, la cuestión no es que unos ganen y otros pierdan, sino que ganarán en un momento de su vida ganan y perderán en otro.

      Es precisamente para chequear este tipo de preocupaciones que promuevo el uso de indicadores de sostenibilidad. Puedes saber más al respecto aquí: https://apuntesdedemografia.com/2016/09/06/la-sostenibilidad-del-envejecimiento/

      En definitiva, si no tenemos un problema demográfico, la solución difícilmente deba ser demográfica. Del mismo modo, si no tenemos un problema de producción, es decir de riqueza material, el problema tampoco será cómo elevar la producción. ¿A qué aportaría entonces elevar la edad jubilatoria?
      Hay que dejar de pensar el gasto de la pensión como si fuese de otra índole que cualquier gasto de consumo. El pensionado de 67 años que consume 1000 euros es un consumidor equivalente a un trabajador de 67 años que consume 1000 euros. La diferencia está en su condición de productor y en los mecanismos por los que accede al ingreso. Como productor, nos interesa saber si su participación en el trabajo realmente incrementa la riqueza material producida en forma global con relación a que fuese un jubilado, y allí nos damos con que hay gente joven sin conseguir empleo que podría, eventualmente, incrementar la producción también (por lo que no resulta una ventaja en términos económicos, ni sociales, forzar a las personas mayores a continuar trabajando, puesto que si tenemos lugar para mas personas en el mercado laboral, lo primero seria incorporar a las que desean y necesitan incorporarse). Y aun si tuviéramos desempleo nulo, podríamos encontrar que incrementar la producción puede conseguirse sin sumar un solo trabajador más al mercado. Por ultimo, podría ser perfectamente posible que incrementar la producción no fuera forzoso para mantener el nivel de bienestar material actual, aunque hubiera mas jubilados, siempre que el consumo global se mantuviera estable.
      Y a final de cuentas podemos empezar a ver que el verdadero problema son los mecanismos por los que accedemos al ingreso. Es decir, el mercado de trabajo por un lado, la distribución de la riqueza entre el capital y el trabajo, y los sistemas de retiro por otro (y su acceso condicionado contributivo, financiado por cotizaciones ligadas al trabajo, y no con relación a la riqueza global). Incrementar la relación actuarial entre cotización y pensión no resolverá ningún problema de la relación entre demanda de consumo y base material, solo incrementará la desigualdad entre quienes acceden al mercado de trabajo y quienes no, y entre quienes acceden en mejores o peores condiciones. Es decir, si hoy tenemos un problema distributivo, lo que sugieres no hará mas que agravar sus consecuencias sociales.

      No se trata de estar confiando en un crecimiento explosivo del PBI, puesto que las proyecciones no llevan a calcular un incremento explosivo en las demandas de gastos de consumo. Para verlo solo tienes que relacionar las poblaciones proyectadas con sus patrones de consumo (que están calculados y disponibles en la pagina de NTA) y podrás observar cuánto crecerá el consumo global español en caso de que cada persona siga consumiendo lo que una persona de su edad consume hoy.

      1. No entiendo bien las alusiones a patrones de consumo, etc. Me debe de faltar base como economista (principalmente, porque mis conocimienrtos sobre economía son muy básicos, lo mío es la estadística y la demografía). Pero creo que en cualquier caso se entiende mucho mejor en términos de ingresos y gastos del sistema (de seguridad social). Los ingresos dependen de la riqueza del país (podríamos resumirlo en el PIB, aunque es obvio que ante un mismo PIB, el Estado puede conseguir mas o menos ingresos públicos, y, una vez conseguidos, puede gastarlos de una manera u otra). Supongamos, simplificando mucho, que los ingresos del sistema aumentarán al mismo ritmo que el PIB.
        A continuación, supongamos que, en contra de lo que muchos dicen, el PIB aumentará a medio/largo plazo incluso aunque, casi seguro, la población en edad de trabajar disminuya.
        Vamos ahora con los gastos. Aumentan con el número de personas que empiezan a cobrar su pensión, con el número de años que la cobran y con la cuantía media de las pensiones. Los tres factores van a aumentar a corto/medio y (con la duda de la cuantía de las pensiones) largo plazo (para entendernos, 2050…porque es obvio que tarde o temprano las generaciones menos numerosas empezarán a llegar la edad de jubilación y entonces al menos el primero de los factores se corregirá, incluso podrá cambiar de signo).
        ¿Cómo podemos estar seguros que el aumento de ingresos (incluso concediendo que será eso, aumento) va a ser suficiente para abastecer el aumento, previsiblemente muy fuerte de aqui a 2050, de los gastos?.
        Acompasar la edad de jubilación a la esperanza de vida a dicha edad, y aumentar la tasa de cobertura de lo que se percibe son dos ideas, impopulares, que pueden asegurar en cierta medida que el gasto se contenga lo suficiente para poder ser abastecido con ese supuesto aumento de los ingresos. ¿Más ideas? (en estos términos, por favor, es decir referidas directamente a cómo financiar o controlar o… los ingresos o gastos del sistema… sin ánimo de ofender, ‘que los entienda un político medio’, ya que son los que deben decidirlas).

      2. Quique, voy por partes.
        En primer lugar, los patrones de consumo son los gastos medios de consumo propios de cada edad. Como decías antes, no es lo mismo el gasto de un hombre de 75 que el de un niño de 3. Estos patrones pueden construirse en base a cuentas nacionales, y están ya calculados para España y disponibles en la base de datos del proyecto NTA.
        Te dejo en este link un gráfico en el que puedes ver los patrones de todas las edades en España normalizados respecto de un valor de referencia (1 corresponde a la media de ingresos laborales de las personas entre 30 y 49 años). Corresponden a una medición del año 2000. Allí podrás ver la relación entre gastos en una edad y otra. https://goo.gl/7hzrhy

        Para calcular una relación entre gastos del sistema y recursos, lo que deberías hacer es relacionar el consumo estimado de los mayores (a partir de las proyecciones de población y sus patrones de ingreso) con un porcentaje estable del PIB. Esto último, por lo siguiente: sabiendo que los ingresos laborales corresponden en 2015 a un porcentaje determinado del PIB, una cotización del 20% sobre dichos ingresos debería representar el mismo porcentaje del PIB en 2015 que en un año futuro (a menos que se modifique la distribución primaria entre capital y trabajo, algo que no nos habla ya de un problema de riqueza disponible, sino de cuestiones distributivas, para lo cual es útil asumir como premisa que la distribución primaria se mantiene estable). Así, por ejemplo, si los ingresos laborales fueran equivalentes al 50% del PIB, una cotización del 20% de tales ingresos correspondería al 10% del PIB. Y necesitaríamos, entonces, que el 10% del PIB alcanzara todos los años para financiar los gastos de las personas mayores. Vamos a ello.
        Tomaremos de referencia el año 2015, es decir que asumiremos que en este año los ingresos son suficientes, y calculemos cuanto “se complicarán las cosas” (igual podemos hacer el ejercicio usando un año previo como año base).

        Entonces, calculemos el monto del consumo de los mayores (según sus patrones) y el porcentaje de PIB que ello representa en 2015. Me da que el consumo total estimado (publico y privado, en todos los rubros) de las personas de 65 y más corresponde en 2015 al 15,25% del PIB.

        A continuación, calculemos el monto del consumo estimado para los mayores con las proyecciones de población para las próximas décadas (manteniendo los patrones de consumo, es decir, un nivel de consumo estable por adulto mayor). Este calculo nos dará en realidad el total de recursos que necesitamos transferir para financiar las pensiones así como los gastos de salud de los mayores (que están incluidos en los patrones de consumo).
        Y con una simple regla de tres, calculemos el monto que deberá tener el PIB para que ese gasto represente siempre el porcentaje que tuvieron las cotizaciones en 2015 (15,25%).
        Allí veremos el desafío de crecimiento de PIB necesario para poder financiar las pensiones sin reducir el nivel de consumo de los mayores, ni la cobertura, ni extender la edad jubilatoria, ni incrementar las cotizaciones.
        Al calcularlo obtengo que requerimos un crecimiento del 80% del PIB español en 35 años (1,78% anual) para conseguir sostener consumos universales para los mayores al nivel actual SIN INCREMENTAR la participación de los mayores en el PIB.

        Pero ahí viene la trampa de la que habla este post. Porque al mantener estable la participación de los mayores en el PIB, estamos dando por sentado (como si fuese lo natural) una transferencia entre edades: en la medida que los menores de 65 reducen su participación relativa en la población (del 81,22% que representan en 2015 al 64,21% según las proyecciones para 2050), mantener su participación en el PIB supone elevar significativamente su riqueza material per cápita. Y no es lo mismo, lógicamente, calcular el desafío para mantener los actuales niveles de bienestar, que calcularlo para mantenerlo entre los mayores y elevarlo entre los más jóvenes.

        Entonces, ahora podemos separar dos resultados:
        1- Si el PIB crece, en las próximas décadas, a un 1,78% anual, y siempre que se cumplan las proyecciones de población y se mantenga estable la distribución entre capital y trabajo, un porcentaje fijo de PIB (y por tanto cotizaciones estables sobre los ingresos laborales) deben alcanzar para financiar los gastos de consumo de las personas mayores. Esto implicará que las personas mantengan niveles de consumo por persona equivalentes a los de hoy, pero TAMBIEN, que las personas menores de 65 años eleven su bienestar por persona (porque tendrán que repartir un porcentaje igual de PIB entre un porcentaje relativamente menor de población). Si el PIB crece a un ritmo menor, este objetivo no se alcanzará, lo que no implica necesariamente que se reduzca el bienestar de nadie.

        Pongámonos pesimistas, y veamos qué pasaría en un escenario de estancamiento económico:

        2- Si el PIB no crece un solo euro en todo el período, solventar los gastos de las personas mayores implicará incrementar su participación en el PIB del 15,25% al 28,25%.

        Este segundo escenario, ¿qué significa realmente para los grupos de personas menores de 65 años? ¿Significa una reducción de su bienestar? Lo cierto es que NO: porque aunque su participación relativa en el PIB se reduzca, también se habrá reducido su participación en la población. Por eso, al final de cuentas, lo que importa en definitiva es estimar el nivel de consumo GLOBAL y relacionar ese gasto con la riqueza material producida. Y así podremos determinar el desafío que implica mantener el nivel de bienestar estable en todas las edades.
        Hay que separar el problema distributivo (que cambien los porcentajes de riqueza apropiados por cada grupo etario y por tanto el porcentaje de gasto de la seguridad social respecto del PIB) de su impacto real sobre el bienestar, es decir, los niveles de consumo de la población de todas las edades. Eso permitirá entender mejor los dilemas en juego, y avanzar en debates políticos más claros.

        Si el consumo total representa en 2015 un 76,85% del PIB, lo que debemos calcular realmente es cuánto debemos producir en los próximos años para que el gasto TOTAL de consumo que estimamos para nuestras poblaciones represente un 76,85%. Y aquí viene lo interesante: aún si el PIB CAYERA 1,83% en los próximos 35 años, el 76,85% de ese PIB alcanzaría para solventar gastos por persona a niveles de consumo equivalentes a los actuales, para toda la población. Esto es que, aunque los mayores elevaran su participación en el PIB, ello no debería afectar el bienestar material en las demás edades. Y si el PIB no decrece, sino que se mantiene absolutamente idéntico, contaremos incluso con 1,83% del PIB liberado para elevar los niveles de bienestar del grupo de edades que consideremos conveniente (o para repartirlo entre todos).
        Esto ocurre porque, como decía en otro comentario, aunque se modifique la estructura de edades, el consumo estimado para España en los próximos años no va a dispararse en absoluto. Te dejo aquí un gráfico para que observes la evolución que se puede estimar en el consumo de acuerdo a las proyecciones de población, teniendo en cuenta su estructura de edades, y manteniendo niveles de consumo equivalentes a los de 2015 para cada edad: https://goo.gl/dlze2Z

        Por otro lado, es una falsa oposición la de los intereses de los jóvenes respecto de los de los mayores: si reducimos la “carga de las pensiones” elevando la edad jubilatoria, esa reducción de la carga la pagaremos los mismos trabajadores que permaneceremos más años en el mercado de trabajo. Es una decisión de cuándo pagar el costo, no de quién. De igual modo, si alivianamos la carga reduciendo el nivel de ingresos de los mayores, lo pagaremos igualmente, el día que seamos mayores y vivamos con un menor bienestar material.

        La oposición entre edades no es tal, y el conflicto entre el crecimiento del consumo y de la riqueza material, tampoco lo es. La verdadera cuestión tiene que ver con los mecanismos mediante los que distribuimos nuestra riqueza, entre edades y al interior de ellas. Son ellos los que determinarán que, aun contando con riqueza para todos, sólo algunos accedan al bienestar, y otros queden afuera.

  4. Has dado en el clavo Juan Antonio!
    Los pronósticos demográficos catastrofistas dan por sentada una supuesta dificultad para sustentar materialmente a más dependientes. Pero lo cierto es que al separar ambas variables, consumo y producción, las previsiones pierden fuerza.
    Por el lado de la dimensión global del consumo, el hecho de que haya mas o menos dependientes no cambia nada. Eso afecta, en todo caso, a la ineficacia de algunos mecanismos distributivos, pero no a la demanda material que supone.
    Y por el lado de la producción, entonces, el miedo sería que la reducción de población en edad de trabajar nos derrumbe el PBI. Pero no hay economista que se anime a semejante diagnóstico! Como bien lo has mencionado, no solo la inmigración sino la misma población en paro puede ser empleada y compensar una caída en la cantidad de personas en edad laboral. Ni hablar que va quedando anticuado relacionar linealmente la oferta laboral (en cantidad de trabajadores) con la evolución del PBI.
    Por otro lado, tal como mencionas, esa “punción” de transferencias a los viejos con la supuesta idea de “aliviar” a los grupos jóvenes, no la pagaran solo los actuales viejos, sino los supuestos beneficiarios, el día que se hagan mayores y deban seguir trabajando.

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