El falso fomento de la natalidad


Teresa Martín, compañera en el CSIC y líder de un muy interesante proyecto de investigación  acerca del papel actual del hombre en la pareja y en la familia,  me envía este artículo de opinión acerca de la campaña de “concienciación demográfica” aprobada por el gobierno español, y los signos cada vez más frecuentes de recuperación del natalismo en las políticas sociales. Gracias Teresa. Es un privilegio poder publicarlo en ApdD.


¿Quiere realmente el Gobierno “fomentar la natalidad”?
Menos anuncios y más medidas

Por Teresa Martín García
Departamento Población, CSIC

 

El pasado 3 de febrero, el Consejo de Ministros aprobó el Plan de Publicidad y Comunicación Institucional de la Administración General del Estado para 2017, en el que se recoge la nueva campaña propuesta por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para “apoyar a la maternidad y natalidad en situaciones de especial vulnerabilidad, concienciando a la sociedad sobre la necesidad de hacer frente al envejecimiento con un apoyo explícito a la maternidad como medida de fomento de la natalidad.” La campaña tendrá un coste de 1,5 millones de euros y se difundirá en internet, prensa escrita, radio, televisión, soportes exteriores y cine a nivel nacional hasta el 30 de diciembre de 2017.

La pregunta que nos surge rápidamente es: ¿De verdad cree el Gobierno que una campaña publicitaria fomentará la natalidad? La mayoría de los/as demógrafos/as y sociólogos/as de la familia coincide en destacar que la publicidad tiene un “efecto cero” en el fomento de la natalidad. Simplemente porque la decisión de tener una criatura no es comparable a la de comprar un bien material y porque este tipo de campañas resultan ya obsoletas y en la mayoría de los casos sexistas. El debate de la baja fecundidad y de la conciliación debería dejar de centrarse sólo en las mujeres, incorporando también a los hombres. En septiembre de 2016, el Ministerio de Sanidad italiano lanzó una campaña similar para llamar la atención sobre la baja fecundidad del país y sensibilizar a la población italiana sobre la prevención de la infertilidad. El entonces primer ministro Matteo Renzi admitió el error y reconoció que para fomentar la natalidad no había que hacer uso del marketing sino poner en marcha otro tipo de medidas estructurales.

El ideal de los dos hijos –tanto para las mujeres como para los hombres– prevalece (de momento) en España como en la mayoría de los países occidentales, lo que significa que la natalidad real –1,33 hijos por mujer– se aleja en nuestro país de las preferencias declaradas y, lo que es más importante, que no parece primordial concienciar de las bondades de la ma/paternidad a los jóvenes adultos en España sino más bien preguntarse por qué no logran cumplir sus aspiraciones reproductivas. La muy baja tasa de fecundidad se mantendrá indefinidamente en España si no se abordan los problemas del desempleo y precariedad laboral, los desequilibrios trabajo-familia y las desigualdades de género, con independencia de cualquier campaña publicitaria. Necesitamos políticas públicas que redistribuyan de forma más equitativa los costes asociados a la crianza de los hijos/as –sobre todo en los primeros años– entre las familias y la sociedad y que promuevan la corresponsabilidad en los cuidados de mujeres y hombres.

Sin embargo, el 8 de marzo de 2017, el Gobierno vetó la tramitación de una proposición de Ley del grupo parlamentario Unidos Podemos–En Comú Podem–En Marea que había obtenido el apoyo del pleno del Congreso en octubre de 2016, con la abstención de PP, Ciudadanos, UPN y Foro Asturias, para equiparar los permisos de maternidad y paternidad, es decir, para permitir que los permisos fueran iguales, intransferibles y pagados al 100% para todas las personas, tal y como viene reivindicando la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA) desde 2005. Numerosos estudios indican que cuanto mayor es la implicación del padre en la gestión y toma de decisiones del cuidado, mayor es la probabilidad de que una pareja tenga otro hijo/a y mayor es también el vínculo con las criaturas, algo decisivo en un contexto como el español de muy baja fecundidad y de inestabilidad conyugal creciente. La motivación para vetar esta proposición de Ley fue económica ya que, a juicio del Ejecutivo, hubiera supuesto “un aumento de los créditos presupuestarios”. Resulta difícil entender que medidas de austeridad trunquen una política pública que fomentaría las relaciones de género simétricas, la conciliación de roles y, previsiblemente, la ma/paternidad y, sin embargo, no hayan impedido la aprobación de la actual campaña publicitaria.

Por otro lado, los recortes en servicios públicos han tenido una repercusión muy negativa en la calidad de vida y el bienestar de una gran parte de la población. Las mujeres españolas habían tenido a su alcance las técnicas de reproducción asistida a través del sistema sanitario público desde 1988. Sin embargo, el Consejo Interterritorial de Salud, presidido por la anterior ministra de Sanidad, aprobó en julio de 2013 que las mujeres mayores de 40 años dejaran de acceder a tratamientos de reproducción asistida en el sistema sanitario público. Además, teniendo en cuenta las listas de espera –en torno a los dos años– muchas mujeres de menor edad no consiguen finalmente acceder a los tratamientos de reproducción asistida en el sistema sanitario público y se ven obligadas a recurrir a clínicas privadas con el elevadísimo coste que ello supone. España es uno de los países del mundo en los que las mujeres son madres a una edad más tardía.[i] La tasa de fecundidad de las mujeres de 40 y más años continúa siendo baja, pero la proporción de primeros nacimientos de estas madres “tardías” se ha multiplicado por más de seis en las dos últimas décadas: ha pasado de 0,9 por ciento en 1996 a 5,8 por ciento en 2014.[ii] Varios estudios demuestran un efecto reducido pero no insignificante de la reproducción asistida sobre la tasa de fecundidad. Eliminar los recortes en reproducción asistida para estas mujeres sería, sin duda, un “apoyo explícito a la maternidad” más justo y eficiente que la nueva campaña publicitaria.

Estos son solo dos ejemplos de los muchos que podríamos citar. El Ministerio de Sanidad consultó con algunas organizaciones y asociaciones profamilia antes de poner en marcha la campaña de publicidad y comunicación institucional para “apoyar” la natalidad. Esperemos que la próxima vez consulte también a los/as expertos/as que llevan décadas estudiando las dinámicas familiares y la fecundidad.

Teresa Martín García
Científica Titular, IEGD/CSIC
IP del proyecto The Role of Men

  • [i] Según los microdatos de nacimientos del INE, la edad media de las madres primerizas ha pasado de 25 años en 1980 a 30,7 en 2015. La edad de los padres también ha aumentado de 30,1 años en 1980 a 34,1 en 2015.
  • [ii] El retraso también es evidente para los hombres. En 2014, casi la mitad de los primeros nacimientos (44,6 por ciento) correspondía a padres mayores de 35 años (Castro-Martín y Martín-García 2016: 17).
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