Nacen menos niños, ¿y qué?


Es el título del artículo de Cristina Sen ayer en La Vanguardia, al hilo la reciente nota de prensa del INE con los datos semestrales del MNP (por primera vez las defunciones superan a los nacimientos), y tras comentarlos con distintos académicos o investigadores, entre los que tuve el placer de estar (como mi amigo y colega Pau Miret). Como pocas veces he visto reflejadas tan fielmente mis ideas, tras exponerlas a un profesional del periodismo, me voy a permitir reproducir aquí el artículo completo:

Nacen menos niños, ¿y qué? por Cristina Sen en La Vanguardia (10/12/2015)

Desterremos los tópicos habituales, aquí no hay crisis demográfica, lo que se ha producido en los últimos años es una revolución reproductiva. Con claridad y contundencia analiza Julio Pérez Díaz, demógrafo y sociólogo investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) –y junto a él un amplio grupo de demógrafos–, los últimos datos del INE, que indican que en el primer trimestre del 2015 hubo más muertes que nacimientos en España. Un dato que ha derivado en comentarios alarmistas sobre el futuro del país, que dibujan una sociedad sin niños y en la que no se pueden pagar las pensiones. Estos demógrafos dan la vuelta a estos negros presagios desde el progreso y el optimismo.

Este discurso alarmista se origina fuera de la demografía, señala Pérez Díaz, y tenemos que volver a ella para explicar cómo han cambiado en muy pocos años las reglas de juego. Hasta hace muy poco la mortalidad en España era alta, los niños que nacían no eran tan “productivos” como ahora –la esperanza de vida es mucho más alta y cabe recordar que al principio del siglo XX no llegaba a los 35 años–, por lo que no tiene sentido medir la vitalidad de un país comparando cifras de natalidad. Hoy los padres se vuelcan en el cuidado de los hijos en todos los aspectos, y estos se volcarán a la vez en el cuidado de los suyos haciendo una sociedad mejor, se indica. También las mujeres se han liberado de aquella “obligación” reproductora. Y esto, subraya Pérez Díaz –discípulo de Anna Cabré– , nada tiene que ver con el hedonismo con los que algunos quieren criticar una sociedad con menos hijos. Es la voluntad de cuidarlos de otra manera, es “una dinámica demográfica más eficiente” y un diálogo entre generaciones.

No hay que alarmarse así al observar el paulatino cambio en la estructura piramidal de la sociedad. Desarrollo significa que los niños que nacen no se mueren y al aumentar la esperanza de vida ya no es necesaria la natalidad de antaño. Cuando un país se
enriquece, lo lógico es que su población envejezca, pero incluso el término “envejecimiento” es considerado antiguo. Si se han ganado años de vida de calidad, la población rejuvenece. Y tiene también más capacidad de trabajo –si lo que preocupa, como se analizará, son las pensiones–.

Con este análisis general se da la vuelta al “alarmismo” demográfico, pero quedan preguntas por resolver. Y, en primer lugar, los interrogantes surgen cuando se publican la media de hijos por mujer en España y Catalunya (actualmente en torno a 1,35), al trasladar la sensación de que afecta a la “reposición natural” de la población.

Pau Miret, sociólogo investigador del Centre d’Estudis Demogràfics (UAB), considera que el problema no es el dato en sí. Las sociedades occidentales seguirán recibiendo a personas inmigrantes porque los mercados de sus países de origen no pueden absorberlos. La inmigración regresará cuando mejore la situación económica y si no mejora –se recuerda– más vale repartirse el poco trabajo que hay. El problema, señala Miret, es que en España se detecta una diferencia entre el número de hijos que se tiene (1,3) frente a los que se desearía (2). Hay un “deseo insatisfecho” fruto de dos cuestiones básicas. En primer lugar, la crisis. Son las mujeres sin empleo (con una tasa del 24% de paro femenino) las menos proclives a tener hijos. Una decisión independiente a la situación laboral de sus parejas.

Y, al margen de la crisis, el sistema de trabajo encorsetado, con poca flexibilidad y que penaliza la conciliación de la mujer (no se incita la del hombre), acaba de redundar en esta diferencia “insatisfecha”. Los países que llegan a esta media de 2 hijos, señala Pérez Díaz, es porque están cuidando a la mujer no cómo “reproductoras” sino atendiendo a su carrera profesional. Es el caso de los países nórdicos.

Porque en el empleo y en la calidad de este se encuentran los antídotos a los alarmismos demográficos. El país en vez de preocuparse por cuántas personas habrá para pagar las pensiones se ha de preocupar de que estas tengan empleo, y un buen empleo que cotice. “Que haya más fallecimientos que nacimientos no significa nada –señala Miret–, lo que sí que repercute es el desempleo”. Está claro: si los jóvenes no tienen trabajo, o tienen un empleo precario, poco van a ayudar a pagar las pensiones. Si hay un 24% de paro femenino, el problema suma y sigue.

En España y en Catalunya, la gente joven tarda en encontrar empleo y estabilizarse, explica Juan Ignacio Martínez Pastor, profesor de Sociología de la Uned. Esto explica las paternidades y maternidades más tardías, y por tanto la posibilidad de tener “más” hijos. A lo que debe sumarse que en los países del sur de Europa, debido a la dificultad para compatibilizar empleo y familia, tienden a tener menos descendencia, o a no tener. En la generación de los años setenta –que llega a las fronteras de la etapa reproductiva–, una de cada cinco mujeres no tendrá hijos.

Esto da mucho que pensar sobre la estructura laboral del país, sobre cómo repercute en la vida de cada uno, pero no debe alarmar en términos demográficos. “Llevamos más de un siglo de alarmas de cataclismo, también durante un tiempo pensamos que nos invadirían los chinos –señala con ironía el investigador del CSIC–. Lo que en realidad fue una anomalía fue el baby boom de los sesenta, donde además se adelantó la nupcialidad y la natalidad”. Desde 1975 los nacimientos han ido cayendo en picado.

Hay que huir de los discursos moralizadores, señalan estos expertos, al observar que siempre regresan desde los sectores conservadores y desde el “nacionalismo” natalista. No es, señalan, ninguna fase de declive, ni hay que acusar a las mujeres, ni regresar a la familia “tradicional”. La revolución reproductiva es ver la vida desde una perspectiva intergeneracional. Y hoy son las generaciones de 60 y 70 años las que han aguantado a sus hijos en esta etapa de crisis. Personas con buena salud física y que llevan toda la vida trabajando. Lo que enlaza con un debate ya abierto sobre la edad de jubilación –aunque para jubilarse hay que tener trabajo–.

El modelo ideal, señala Pau Miret, si se quiere llegar a los dos “hijos deseados” es el socialdemócrata escandinavo, donde instituciones y empresas trabajan por la igualdad. En Francia (que se mantuvo la media de dos hijos durante la crisis), en cambio, se aplica una política natalista nacionalista y conservadora, con muchas ayudas directas a la mujer.

Pero estamos hablando sólo de una cuestión de “décimas”: ¿1,3 o 2 hijos?, porque la realidad, se-ñala Pérez Díaz, es que la reproducción debe leerse no sólo como la fecundidad, sino también los años vividos y ha habido una revolución. No creo que nadie quiera, indica, vivir en una sociedad con una gran base poblacional que mengua rápidamente.

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8 comentarios en “Nacen menos niños, ¿y qué?”

    1. Insisto, ya que no parece que mi dedicación a esto te parezca suficiente crédito, mira bien y en el INE, no en noticias de ElMundo publicadas en 2014 y basadas en “un estudio” de un instituto valenciano. No hay descenso, pero estaban esperando titulares, como siempre, y se basaron en datos provisionales que después fueron desmentidos por los datos definitivos, como podrás comprobar si lo que consultas son los datos definitivos. Por cierto, que el apoyo documental sean las noticias de prensa es uno de los problemas que tienen las ciencias sociales en general. Los periodistas informan de miles de cosas y de demografía saben menos que tú, no pueden ser tu fuente, créeme por lo menos en esto.

  1. Hola, quería hacer varios comentarios al artículo, aunque encuentre cosas certeras, creo que se incide en cosas, bien obvias, bien interesadas. Veamos:

    Decir que “Hasta hace muy poco la mortalidad en España era alta” es exagerado. Llevamos muchos años con la mortalidad baja. Está claro que comparar con 1900 nos da diferencias muy altas, pero me parece que comparar con hace 115 años, quita el foco al artículo.

    “Desarrollo significa que los niños que nacen no se mueren y al aumentar la esperanza de vida ya no es necesaria la natalidad de antaño” Es obvio, pero, que yo sepa en los últimos años (10 o 20 años) no ha habido unos cambios radicales en cuanto a la esperanza de vida. No entiendo que se resalte esto, está claro que se vive más años.

    “Y hoy son las generaciones de 60 y 70 años las que han aguantado a sus hijos en esta etapa de crisis.” Por supuesto, no va a ser al contrario. Esa generación llegó antes, para cotizar muchos años, para comprar vivienda barata, etc ¿Qué menos que ayuden a sus hijos? Muchos jóvenes, no van a poder tener hijos, ¿por qué se mira para otro lado? ¿Por qué eso no es prioritario?

    De 1,3 a 2 va un mundo. ¿Realmente se dice en serio que es una cuestión de décimas? Ahora no hay apenas mortalidad infantil, pero ¿por qué el artículo no destaca que en España se tienen menos hijos de los que se desean?

    1. Tienes toda la razón, pero sólo a condición de limitar los fenómenos demográficos a la dinámica del momento, y ese es precisamente el problema analítico que hace que no se entienda bien qué es lo que ha cambiado en demografía. Se dan por supuestas, de esta manera, cosas como que la mortalidad ya es la que es (en realidad no ha dejado de mejorar) o que las generaciones se comportan de forma “natural” o previsible (nunca antes pudieron cumplir la función que das por supuesta). Los cambios demográficos son procesos de largo alcance y muchas décadas, las que dura la vida media de las personas, para poder reflejar cambios de pautas. Y la fecundidad deseada nunca fue un indicador de la realidad, igual que no lo es el tipo de coche deseado o los metros cuadrados de vivienda deseada. Evidentemente te interesan asuntos de gran relevancia y me alegra que sea así. La respuesta a un comentario te dejará igual de insatisfecho, lo entiendo, así que, si quieres un marco general un poco más desarrollado para interpretar de forma inteligible el descenso de la fecundidad, puede que te interese la sección sobre la Teoría de la Revolución Reproductiva. Gracias por escribir.

      1. Gracias por contestar.
        Me cuesta creer que la mortalidad está mejorando, de hecho no me extrañaría nada que descendiera levemente en los próximos años. Uno siempre tiene un sesgo para lo que ve a su alrededor, pero no dejo de ver fallecidos de 40, 50 o 60 años. Por lo que me cuesta creer que esté mejorando la mortalidad.

        Estoy de acuerdo en que no es ninguna catástrofe la menor fecundidad actual y ciertamente el deseo de tener 2 hijos, no indica nada tangible, como bien dices. Mucha gente no desea tener hijos, y afortunadamente, han dejado de tener un estigma, y de hecho, muchos aportan a la sociedad enormemente.

      2. Como te digo en otro lugar, la cuestión no es lo que uno crea, o la impresión que se forma a partir de lo que ve a su alrededor. Tienes los datos sobre mortalidad en la web del INE, así que no hace falta que me creas, sólo que lo consultes.

    1. ¿Es pujante y está muerto? ¿Qué sistema sociocultural reivindica el artículo? ¿Cual es el sistema alternativo que no es pujante pero está vivo?
      Gracias por escribir!

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