El programa Bracero


Mano de obra mexicana para el campo de EEUU

Aunque sean muchos los que cultivan el tópico sobre la inmigración como una mano de obra que “roba” el trabajo a los nativos, la inmigración masiva casi siempre va asociada a la aparición de amplios segmentos laborales que la mano de obra local no basta para ocupar o no considera suficientemente atractivos. De hecho es corriente entonces que los sectores empresariales implicados pidan a los Estados políticas de inmigración que formalicen tratados con otros países para conseguir flujos importantes de trabajadores, casi siempre de forma temporal. Un ejemplo histórico excelente fueron los programas “bracero”, que llevaron unos cuatro millones de agricultores mexicanos a EEUU a partir de los años cuarenta.

En EEUU, ya durante el siglo XIX, los jornaleros mexicanos fueron fundamentales para la expansión ranchera o la eclosión del cultivo de la fruta en California (aunque también lo fueron en la minería o en los ferrocarriles). Pero tras la revolución mexicana de 1910, de la que el país tardó mucho en recuperarse, y con el crecimiento económico de EEUU asociado a la primera guerra mundial y al boom de los años veinte, la mano de obra mexicana fue incorporada de forma masiva. 

Hubo resistencias, y el racismo teutonista y nativista se hizo sentir. En 1924 se alcanzó el número máximo de entradas de mexicanos, y a la vez se creó la Patrulla Fronteriza y se acuño el concepto de “extranjero ilegal”, pero los mexicanos siguieron siendo admitidos por el vacío que había creado una ley de 1921 que paró en seco la inmigración europea a EEUU. Fue, sobre todo, la crisis de 1929 la que llevó a un reflujo importante de mexicanos, incluídas deportaciones masivas.

La segunda guerra mundial volvió a generar una imperiosa necesidad de mano de obra en EEUU, y esta vez las demandas de los terratenientes llevaron a ambos gobiernos a firmar el Tratado Braceros.

Dicho programa, efectivo hasta 1964, proporcionó más de 4 millones de trabajadores, con derecho a empleo y estancia sólo temporal. Los contratos estaban redactados en inglés y prácticamente anulaban todos los derechos laborales. Durante estos años los trabajadores mexicanos no tuvieron ni siquiera tratamiento de residentes extranjeros y, como otras “razas”, estaban exentos de derechos de ciudadanía. Eran considerados simplemente “maquinaria agrícola”.

La vuelta de los soldados al acabar la guerra inició las tensiones. En 1947 se empezó a trabajar para reducir el número de braceros, a través de un organismo denominado Servicio de Cultivo Laboral de Emergencia. En los sesenta el ambiente político era ya claramente hostil lo que, junto a la extensión de la cosechadora de algodón mecánica acabó por la liquidación oficial del Programa en 1964. Fue tal la cantidad de braceros obligados a salir del país sin recibir el pago total de su trabajo que todavía hoy continúan los pleitos legales para conseguir el cobro.

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