El St. Luis y Los refugiados que nadie quiere



Salvini en Italia, Trump en EEUU, Vox en España, hacen bandera política del control migratorio y la mano dura frente a los “ilegales”. No les importa si su negativa a recibir refugiados se enfrenta incluso a las propias leyes nacionales e internacionales. Engrosan un neoconservadurismo en progresiva radicalización nacionalista y cada vez más extendido. Como existen precedentes, es bueno recordar sus motivaciones y consecuencias, y uno que puede enseñar muchas cosas es el del St. Luis, un barco cargado de refugiados judíos que huían de la Alemania de Hitler.  Tras cruzar el Atlántico, vieron prohibido el desembarco, primero en la Habana, y después en Miami y en Canadá, y tuvieron que volver a  Europa. 

El episodio del St. Louis es bien conocido, y encontrarás su descripción con facilidad (a continuación apunto algunas pistas). Pero no suele mencionarse el papel que en él jugó la demografía, a través de los datos poblacionales y las actitudes y teorías de los demógrafos y sus mecenas. Es ahí donde creo conviene estar sobre aviso frente a la repetición actual de errores y manipulaciones de la demografía que ya son bien conocidos y que los “técnicos” deberíamos desvelar y rechazar públicamente. 

La demografía estadounidense había nacido entre finales del siglo XIX y principios del XX, como en todo el mundo. Pero en aquel país estuvo especialmente influida en sus orígenes por el racismo y el nativismo, muy presentes entre sus clases dirigentes y empresariales. Y es que la demografía estadounidense nace y se desarrolla ligada a la financiación filantrópica de las grandes fortunas particulares, mucho más que en el resto del mundo. Estas grandes fortunas habían acogido con temor los datos derivados del censo de 1900 que señalaban, por primera vez, un mayor crecimiento urbano que rural. Se había acabado la “colonización” y el futuro resultaba incierto.

La investigación financiada respondía a estas incertidumbres, y los primeros trabajos famosos estaban muy centrados en la fecundidad diferencial de las distintas razas y etnias, siempre impregnados de prejuicios acerca de su distinta “calidad” o conveniencia. El rápido crecimiento demográfico de Asia fue también uno de los temas primigenios de la demografía estadounidense, por la posible competencia económica o militar que pudiese suponer en el Pacífico, y por sus flujos migratorios como mano de obra barata. De hecho, latinos y asiáticos eran vistos prácticamente como maquinaria importable y retornable según las necesidades productivas de cada momento (contra los chinos ya se habían aprobado las primeras leyes antiinmigratorias, en el siglo XIX). Por supuesto la antropología confirmaba la inferioridad de los negros (ver aquí ¿eres de raza caucásica?), ese era un tema zanjado.

Lo que en 1900 aparecía como una amenaza demográfica era el cambio en la procedencia de los inmigrantes europeos. Según la leyenda fundacional, el país había empezado con europeos de los países nórdicos y occidentales, pero los orígenes del constante flujo de inmigración europea habían cambiado durante el siglo XIX y se decantaban progresivamente hacia el Este y el Sur del continente. El problema, pues, estaba en el declive de la población europea “blanca”, la que en el imaginario de las élites liberales supuestamente fundadoras del país constituía el genuino núcleo de la nación. Por supuesto sus prejuicios se vieron corroborados abrumadoramente por los científicos igualmente blancos de clase alta a los que, además, financiaban. 

  • Chorover, S.L. (1985), “Tras la puerta dorada: la dosificación planificada de la inmigración.” en, Del génesis al genocidio. Barcelona: Orbis S.A., pp. 83-106 .

Todo ello desembocó en las leyes “de cupos”, en los años veinte. Especialmente importante para la demografía y las políticas migratorias posteriores en el resto del mundo fue la Johnson-Lodge Inmigration Act de 1924, una ley que limitaba la inmigración admitida y establecía cuotas por país de procedencia. Su aprobación estuvo precedida de una gran actividad y presión por parte de muy diversos sectores nativistas, eugenistas e incluso racistas, que participaron directamente en su redacción. Los cupos asignados respondían a supuestas mediciones científicas de la adecuación e inteligencia según la raza o el país de procedencia. En tales mediciones resultó fundamental el desarrollo de los tests de QI, el “coefciciente de inteligencia”, gran invento de la psicología estadounidense con el que se demostraba la subnormalidad de etnias enteras, como la afroamericana o la judía. Los inmigrantes de la Europa del Este o del Sur obtenían, claro está, resultados muy inferiores a los de la Europa del Norte.

Esta ley respondía al creciente temor de los “auténticos” estadounidenses a la “corrupción” racial y la sustitución de los europeos nórdicos. Muchos analistas han visto en ella uno de los factores que impulsaron el creciente proteccionismo, bloqueo fronterizo y tensión internacionales, que desembocarían en la crisis del 29. Los ecos de esta ideología en la actual política migratoria de Trump o en la “Teoría del gran reemplazo” son evidentes.

Así que cuando el St. Louis zarpó, en 1939, con la intención de llegar a América, lo estaba haciendo en un contexto muy desfavorable. No es sólo que las autoridades portuarias fuesen corruptas y aumentasen una y otra vez el dinero que encubiertamente reclamaron a los viajeros para poder desembarcar (la corrupción no debía sorprender a nadie en aquel momento). Es que la “ideología demográfica” ya había desembocado en políticas estatales racistas y discriminatorias. Cuba era entonces un patio trasero de EEUU y había asimilado como el alumno más entusiasta las tesis eugenésico-racistas de las élites estadounidenses. No está de más recordar, por ejemplo, que Henry Ford, radical antisemita, contribuyó con grandes sumas a propagar el bulo de la conspiración sionista internacional y era por ello admirado por el mismísimo Adolf Hitler. 

Las políticas migratorias restrictivas y autoritarias no son un invento innovador de los Trump, Salvini, o Vox de todo el mundo. Son muy antiguas, nunca hicieron más que contribuir a empeorar situaciones colectivas delicadas y tragedias personales innumerables. Lo delirante es el éxito que vuelven a tener hoy, y que tras un siglo de desarrollo científico de la demografía haya partidos políticos que vuelven a lanzar soflamas como la de la invasión extranjera o la del invierno demográfico. 

 

Si te interesó y quieres ampliar:

 


Música en ApdD: Linley Marthe Amazing Creative Bass Guitar Solo, Nathaniel Townsley [dr]

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