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Edad promedio (o edad media)


Iindicador que resume en un sólo número la distribución por edades de una población. Se obtiene dividiendo la suma total de las edades de todas las personas que la componen, por el número de dichas personas.

Cuando la población está distribuida por edades cumplidas o por grupos de más de un año se atribuye a cada persona la edad central del intervalo de edades (P.Ej: a todos los que ya han cumplido 3 años se les atribuyen 3’5, y a todos los que tienen 50-54 años se les atribuyen 52´5). Ello supone una aproximación aceptable casi siempre, aunque implica un error por exceso en los grupos muy ancianos. Obliga además a algún tipo de hipótesis cuando la población de las últimas edades se cuenta en un grupo “abierto”, como “80 y más”.

Donde “x” es la edad inicial de cada intervalo de edad; “n” la amplitud del intervalo (en 50-54 la amplitud es 5); y “P” es la población de cada intervalo.

El aumento sostenido de la edad media de una población es lo que se conoce, en otras palabras, como envejecimiento demográfico. En este sitio tienes toda una sección dedicada a este tema.

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Edad exacta y edad cumplida


La edad exacta es el intervalo transcurrido entre el nacimiento de una persona y el momento particular en que la estamos observando. Se trata de un desideratum, ya que la exactitud es imposible en sentido estricto, pero se sobreentiende que requiere conocer, además de los años transcurridos desde el nacimiento, también sus fracciones en meses y días.

Lógicamente, sólo tiene sentido respecto a personas individuales (o grupos nacidos exactamente en el mismo momento). Cuando se tienen colectivos de personas, se clasifican en intervalos de edades, siendo el intervalo más común el de los años cumplidos (es decir, el intervalo entre una edad exacta (x) y la edad exacta siguiente (x+1).

De hecho la edad cumplida corresponde al modo común de hablar de la edad: equivale al número de aniversarios cumplidos (los cumpleaños). Generalmente se agrupa la población en función de los años cumplidos, y ese es el tipo de tablas por edad más frecuente.

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Un ejemplo de los errores a los que conduce la mala comprensión de estos dos conceptos nos lo da un usuario del blog, escribiendo el siguiente comentario al Ejercicio 1a. El Diagrama de Lexis:

En el caso del punto a) Población de 2 a 4 años exactos el 31/12/1996, si son años exactos deberían ubicarse en la línea horizontal y en el gráfico aparece vertical.

Como he respondido para explicar que este ejercicio está bien resuelto, y lo que ocurre es que no se ha entendido el enunciado por una mala interpretación de las “edades exactas”, añado también aquí la respuesta, que espero clarifique mejor estos conceptos:

Agradezco la colaboración, pero esta vez no hay ningún error en el ejercicio, aunque entiendo tu confusión por lo de “exactos”, y me da la ocasión de aclarar conceptos. En este caso, además, es fácil, porque el propio enunciado del punto a) incluye el vínculo a la definición de “edad exacta”, así que léelo también.


Para empezar, la población correspondiente a un instante del tiempo (en este caso el 31/12/1996) siempre será una línea vertical, tanto si hablamos del conjunto de edades como si se trata de una franja de edades en particular. Así que no “deberían ubicarse en la línea horizontal” en ningún caso.  


Hay que saber también que, al hablar de la edad, cabe distinguir entre años “cumplidos” y años “exactos”. En años cumplidos es como normalmente decimos nuestra edad (“tengo 18”) y se refiere a cualquier punto entre el inicio y el final de ese año de edad. Si se habla de años “exactos” no les corresponde más que un punto exacto en la línea vertical (el instante en que se alcanza esa duración exacta contando a partir del instante del nacimiento), no el intervalo de año completo correspondiente a una edad cumplida. Por tanto en demografía, si no se sobreentiende por el contexto, sólo puede trabajarse rigurosamente con las edades especificando si son exactas o cumplidas, porque la amplitud de los intervalos no es la misma. Entre los 5 y los 6 años “cumplidos” hay un intervalo de dos años; entre los 5 y los 6 años “exactos” sólo hay un año de intervalo. Ambos casos se dibujarían sobre una línea vertical en el diagrama de Lexis, nunca en horizontal, pero se diferenciarán por representarse con tramos de diferente longitud.
Espero que esto aclare mejor el ejercicio; el resto es practicar. Gracias por escribir y saludos

Crecimiento natural (o crecimiento vegetativo)


Es la diferencia entre los nacimientos y las defunciones durante un cierto periodo de tiempo. Se contrapone al “crecimiento migratorio”, resultante de la diferencia entre las entradas y las salidas migratorias durante el mismo periodo temporal.

El crecimiento natural suele convertirse en una tasa anual de crecimiento, es decir, el periodo de tiempo al que hace alusión se subdivide o multiplica para que se exprese en términos anuales, de manera que pueda compararse siempre con otros crecimientos igualmente convertidos en anuales.  Se expresa en porcentaje o en tanto por mil, cuando se lo relaciona con la población media del periodo.

P. Ej. Una población media de 5000 personas que creció en 100 personas por la diferencia entre nacimientos y defunciones a lo largo de un periodo de dos años, tuvo un crecimiento natural anual de 50 personas, de 50/5000 en términos relativos, lo que se convierte en un 10 por mil anual

En este sitio hay una lección sobre el cálculo del crecimiento demográfico.

Es importante también conocer la Ecuación compensadora, que descompone los factores que determinan el crecimiento.

Natalidad: ¡se nos van las cigüeñas!


Juan Antonio Fernández Cordón

Demógrafo
Consejero del Consejo Económico y Social de España

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La natalidad cae en 2009, por primera vez en los últimos diez años. Todos a una: la culpa la tiene la crisis. Verdad a medias, poco explicativa y poco útil para entrever el futuro. A la espera de datos más detallados, conviene analizar con prudencia y tino los disponibles. Hay que recordar, en primer lugar, que está disminuyendo el número de mujeres en edad de tener hijos, entre las españolas porque llegan a esas edades las generaciones escasas de los ochenta y entre las extranjeras porque se ha interrumpido el flujo de entradas y algunas se han marchado. En estas circunstancias, se reducen los nacimientos, aunque se mantenga el número medio de hijos por mujer. Pero, además, éste ha disminuido, tanto entre las españolas como entre las extranjeras. ¿Qué significado tiene esta disminución? En el caso de las españolas, el año 2009 se inscribe en una tendencia de estabilidad levemente ascendente, rota por el repunte de 2008 que hay que interpretar como un efecto del cheque-bebé. Es cierto que 2.500€ no bastan para que familias decididas a no tener un hijo cambien de opinión, sin embargo aquellas con proyecto de descendencia, sin fecha decidida, han podido adelantar el nacimiento para aprovechar la ayuda (y, a la vista de su reciente supresión, se ve que han acertado). Pan para hoy y hambre para mañana: sube la fecundidad en 2008 y baja en 2009, lo que los demógrafos llaman un efecto de calendario, habitualmente ligado a este tipo de políticas. En lo que respecta a las extranjeras, son dos los efectos. Al mencionado efecto calendario ligado al cheque-bebé, con un impacto todavía mayor que en las españolas, se añade otro efecto basado en el hecho de que las inmigrantes recién llegadas tienen una fecundidad mayor que el resto de las inmigrantes, porque no han tenido tiempo de adaptar su comportamiento a los usos en España y, sobre todo, porque la perspectiva de emigrar provoca un retraso de los nacimientos con el fin de el hijo nazca en el país de acogida. En los últimos años, el peso de las recién llegadas ha sido importante, factor que ha contribuido al incremento observado de la fecundidad de las extranjeras. En 2008 y, sobre todo, en 2009, se reducen las entradas, provocando una disminución de la fecundidad media de las inmigrantes. De momento, parece que el único efecto de la crisis sobre la natalidad es que las cigüeñas extranjeras o se han ido o ya no llegan. Pero atentos al futuro. (JAFC 2010)

¿Cae la natalidad en España?



El INE publica regularmente notas de prensa con avances y síntesis de los principales resultados de fuentes estadísticas muy diversas. En la nota de hoy (22/06/2010), referida al MNP (Movimiento Natural de la Población) el titular principal era fácil: “El número de nacimientos baja un 5,0% en 2009, su primer descenso en 10 años”.

En efecto, tras el espectacular descenso iniciado en 1975, los nacimientos tocaron fondo en 1996 y desde entonces habían aumentado de forma considerable (de 361.947 en aquel año, hasta 518.503 en 2008). La cifra para 2009, todavía provisional, es de 492.931, lo que supone un descenso del 5% pero, sobre todo, una inflexión de la tendencia anterior.

Este cambio de tendencia, claro está, exige que los demógrafos demos, al menos, dos tipos de explicaciones, una sobre los motivos por los que se ha producido este cambio y otra sobre la evolución futura más probable para dicha tendencia. Es importante que lo hagamos, porque desde otras disciplinas, como la economía o la sociología, aparecerán rápidamente explicaciones centradas en los efectos de la crisis económica actual, y se trata de una explicación, como mínimo, incompleta.

La causa del descenso, en términos de estricto análisis demográfico, no es sólo una, sino tres:

  1. Empiezan a cumplir edades fecundas generaciones cada vez más reducidas en su volumen, precisamente las que nacen tras el baby boom. Por tanto, a igualdad del resto de condicionantes, el número de nacimientos se ve afectado a la baja, y esta era una tendencia esperable y, de hecho, prevista en las propias proyecciones de población del INE.
  2. El extraordinario aporte de madres potenciales que ha supuesta la intensísima inmigración de los últimos años está remitiendo. El efecto es el mismo que en el factor anterior: menor incorporación de nuevas personas en edad fecunda y, por lo tanto, menor número de nacimientos. De nuevo este no es un factor demasiado sorprendente, porque aquellos saldos migratorios que habían superado los 700.000 personas anuales constituían una anomalía histórica que difícilmente podía prolongarse en el tiempo.
  3. Por último está el posible cambio de comportamiento respecto a la fecundidad. Mientras que los dos factores anteriores son “estructurales”, este es “actitudinal”: las mismas personas que en otras circunstancias tendrían un mayor número de hijos, se colocan ahora en situaciones lejanas ala procreación.

Pero incluso en la tercera causa cabe distinguir determinantes que nos son meramente voluntarios. Un condicionante fundamental de la fecundidad es la disposición de pareja, y en la propia nota de prensa del INE puede encontrarse una evidencia de que también este factor resulta relevante en la explicación del descenso del número de nacimientos, por el también pronunciado descenso de los matrimonios:

Nupcialidad en España, 1986-2009.

Claro que el descenso de la nupcialidad podría resultar de un aumento de las uniones no matrimoniales (de la formación de “parejas de hecho”, por definición, nada puede decirnos el MNP). Pero lo más probable es que sean las uniones en general, las de ambos tipos, las que han disminuido, impulsando así el descenso de la natalidad.

Finalmente quedaría la propensión a tener hijos en sí misma, por parte de quienes se encuentran en las condiciones tenerlos. Muy probablemente este factor también se ha contraído, contribuyendo al descenso observado de los nacimientos, pero casi con toda seguridad no es el mecanismo principal, y todos los anteriores serían suficientes para dar cuenta de la mayor parte de tal descenso. Hay que tener en cuenta, además, que la decisión de tener hijos, y el número final de los que se pretende tener, hace mucho tiempo que se enmarcan en un proyecto de vida a largo plazo.

En sociedades como la española en 2009, el control que las mujeres pueden tener sobre su descendencia es prácticamente perfecto, gracias a la eficacia de los actuales métodos de planificación. Una coyuntura desfavorable, como la actual, impacta mucho más en el factor migratorio o en la formación de parejas que en los proyectos vitales de procreación. Ante una mala coyuntura, cabe esperar, lo que produce, en el lenguaje demográfico, un retraso del “calendario”, pero no necesariamente un descenso de la descendencia. Sólo si la crisis se prolonga de forma importante en el tiempo la espera puede llegar a ser excesiva e impedir la realización del proyecto vital. Pero la menor natalidad de 2009 todavía es muy temprana para aventurarle explicaciones basadas en el descenso de la fecundidad.

Respecto al futuro sabemos algunas cosas. Las generaciones que empezarán su vida fecunda en los próximos años serán cada vez menos voluminosas, porque son las nacidas en los años ochenta. Si no incrementan desmesuradamente su fecundidad, cosa poco probable, esta evolución impulsa la continuidad del descenso de los nacimientos. Pero la superación de la crisis económica y, sobre todo, la del desempleo, puede compensar al anterior factor influyendo en el resto de mecanismos: incrementando la inmigración, favoreciendo la formación de parejas, y permitiendo a las mujeres realizar sus proyectos de maternidad o recuperar los que venían postergando. Nada está escrito aún, y 2009 es sólo un año. Los hijos son para toda la vida.


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Transformations of the World’s Population: the Demographic Revolution


MacInnes, J., Pérez Díaz, J. (2009), Transformations of the World’s Population: the Demographic Revolution, en Turner, B.S. -Ed-, The Routledge International Handbook of Globalization Studies: Wiley-Blackwell, pp. 137-161.

RESUMEN: En una obra colectiva sobre la globalización, este capítulo describe el modo en que la gran heterogeneidad histórica de los distintos sistemas demográficos está reduciéndose hasta constituir un único gran sistema demográfico global. Para ello los autores emplean un marco teórico propio, el de la Teoría de la Revolución Reproductiva, Seguir leyendo Transformations of the World’s Population: the Demographic Revolution

The Reproductive Revolution


MacInnes, J., Pérez Díaz, J. (2009), The reproductive revolution, The Sociological Review 57 (2): 262-284.

ABSTRACT: We suggest that a third revolution alongside the better known economic and political ones has been vital to the rise of modernity: the reproductive revolution, comprising a historically unrepeatable shift in the efficiency of human reproduction which for the first time brought demographic security. As well as highlighting the contribution of demographic change to the rise of modernity Seguir leyendo The Reproductive Revolution

La tercera revolución de la modernidad: la reproductiva


John MacInnes, Pérez Díaz, J. (2008), La tercera revolución de la modernidad: la reproductiva Reis: Revista española de investigaciones sociológicas (122): 89-118.

RESUMEN Para hacer posible la “modernidad”, además de las revoluciones económica y política, ha sido necesaria también una revolución reproductiva. Consiste en un cambio de escala, históricamente reciente e irrepetible, en la eficiencia de la reproducción demográfica. A diferencia de lo que ocurre con el concepto de “transición demográfica”, el concepto de “revolución reproductiva” Seguir leyendo La tercera revolución de la modernidad: la reproductiva

La gent gran a Catalunya


Pérez Díaz, J., Pau Miret Gamundi, Marc Ajenjo Cosp. (2008), La gent gran a Catalunya. en Fundació Jaume Bofill -Ed-, Condicions de vida i desigualtats a Catalunya, 2001-2005. Volum II: Habitatge, salut, parella, joventut, gent gran i dependència. Barcelona: Editorial Mediterrània y FJB, pp. 181-284.

Las personas mayores protagonizan uno de los cambios sociales menos conocido y de mayor envergadura de las últimas décadas en Cataluña. La Fundació Jaume Bofill quiere aplicar el PaD (Panel de Desigualtats Socials a Catalunya) también a la investigación Seguir leyendo La gent gran a Catalunya